CAOS DE PALABRAS

Es una de las experiencias tan únicas, satisfactorias y grandiosas que he vivido con un hombre, la cual, cada que lo recuerdo me vuelve a poner húmeda la entrepierna.

Por seguridad, le pondré aquí el nombre de Jaen, pues bueno, me contactó por medio de uno de sus amigos que es un cliente mío muy frecuente, él le contaba esas experiencias que sólo tenía conmigo y a Jaen le llamó tanto la atención que fue como concretamos una cita.

Pensé que sería uno más del montón; comenzar a quitarme la ropa, después un oral, abrir las piernas, yo abajo, yo arriba, ver mis pechos rebotar, de perrito y terminar con otro oral, pero no, fue algo muy diferente. Desde que lo vi se me hizo tan interesante: lentes, de vestir, de negro, elegante. Todo un Godínez cómo me gustan y de cierto modo con aspecto un tanto “ñoño”. Lo cité en un cuarto del motel de corazones rojos, nos saludamos de beso y sentados en la pequeña sala colonial platicamos un poco y rompimos los nervios. Para no perder costumbre ante el encuentro de dos “amantes hambrientos” cómo Jaen nos nombró, pedimos una botella de vino y brindamos ¡Por todo y por nada! ¡Por el principio o final de una nueva historia!

Ya entrando más en confianza y calor por el vino, se quitó el saco con tanto detalle que lo puso donde no se arrugara, se aflojó la corbata y fue cómo un hormigueo en mi infierno. Yo sólo desabotoné un poco mi blusa sin dejar muy al descubierto mis pechos, seguía sentada y atenta. Jaen se levantó y comenzó cómo un tipo monólogo, yo su único público que lo escuchaba y veía con gran sorpresa, así no la pasamos por 40 minutos. Él sólo había pagado por una hora, pero me estaba pasando el momento tan genial que no dije nada, corría por mi cuenta el resto del tiempo. Decía –Allá en la ciudad nadie nos extraña…- 

Y continuaba hablando con tanto fervor que erizaba mi piel, ningún hombre me había atrapado (sin fingir) por todo lo que decía. Sentí mi humedad mojar mis bragas al ver; sus expresiones, ver cómo se iba aflojando cada ves más la corbata, sentir esa pasión por lo que recitaba, cómo me veía, su movimientos corporales…¡Pf!

Comencé a morderme mis labios incitándolo al pecado del que tanto hablaba, tocaba mi cabello y abría sugestivamente mis piernas, la mirada hacia él era intensa, tanto que se acercó a mí y me robó un beso (había olvidado que esa era una de mis reglas: nada de besos).

Él se despegó un poco de mis labios para poder ver mi expresión y sobre todo mis ojos, sin más lo tomé de la corbata y lo jalé hacia mí, le di un beso donde ambos abrimos nuestras bocas, nuestros labios fueron los primeros en tener ese contacto delicioso.

Jaen por fin me tomó de la cintura, nos besábamos con gran pasión, mi respiración ya era agitada, bajó sus dulces labios a mi cuello mientras yo comenzaba a quitarle la camisa.

Cuando me quitó la blusa, vio el tamaño de mis pechos bien escondidos, con una mirada me pidió permiso para liberarlos del sostén y besarlos. Mi respuesta fue mi sonrisa y mi clásico mordisco en mi labio. El calor de su boca era increíble, el calor perfecto de un infierno del cual quería arder desesperadamente. Al momento le quité la camisa y cuál fue mi gran sorpresa, al ver su espalda reflejada en el espejo del tocador…

Tenía un inmenso dragón rojo que me dejó perpleja, Jaen sonrió de lado y fue donde la locura se apoderó de mí. Me despojó de mis pocas prendas que ya quedaban, me puso sobre la cama y él, con movimientos tan precisos fue quitándose los pantalones, dejando al descubierto ese miembro que ya estaba más que listo.

Se acercaba lentamente hacia mí, como cazador a su presa y al oído me susurro -masajea mi espalda-. Él se puso boca abajo recargando su cabeza sobre sus brazos. Me puse encima de su trasero blanco y cerca de ese dragón, era tan excitante tener todo entre mis piernas así que las abría más para poder tocarlo con mi parte, esa que exigía besarlo… Me puse un aceite térmico en las manos que al momento de rosar esos cuernos el aceite comenzó a calentarse, yo movía mis caderas para frotarme en él y sentí inmediatamente mi humedad escurrir y mojar su piel, él seguía recitando mil palabras y muy discretamente gemía. Yo continuaba acariciando y haciéndole el amor a ese dragón, mis movimientos pélvicos eran más rápidos, sentí el calor de mi clítoris sobre su piel y en un destello de mil demonios que invadió mi cuerpo llegué a mi máximo placer.

Jaen quedó muy sorprendido por lo que había pasado pero mucho más excitado que nada, me puso ahora sí sobre la cama, me abrió lo más que pudo mis piernas se agachó, se acercó a mi vagina y sacó su lengua, comenzó a lamer todo, se veía que tenía experiencia, sus movimientos eran perfectos, con sus dedos se ayudaba para abrir mis labios y penetrarme con su lengua, saboreaba mi néctar, después subió su lengua hacia a mi clítoris ya más que hinchado y con los mismos dedos que ya andaban ahí, me penetró, su lengua era un remolino que invadía mi clítoris, por mi cabeza pasó de nuevo ese dragón y me sentí exquisitamente saboreada por ese ser. Yo gemía y pedía más pues ese calor ardiente comenzaba de nuevo a invadir todo mi cuerpo, mis pies ya estaban arqueados, yo me apachurraba mis senos y lamia mis dedos, era tanta mi ansiedad que a veces me arañaba mis piernas, gritaba y le pedía más sin dejar de morder mis labios.

Nunca nadie me había hecho un oral tan rico, seguía en mi clítoris y en un segundo me invadió la lujuria de un orgasmo, suspiré. Recogió con su lengua el resultado líquido de su trabajo, levantó un poco mis caderas y ahora fue hacia mi trasero que comenzó a lamer (Estaba pensando seriamente en que no lo iba a dejar ir tan fácilmente). Mi sudor escurría por mi cara, mi saliva se salía de mi boca como para enfriar mi rostro. Sin imaginármelo me penetro el ano con un dedo y cuando lo miré estaba tomando ya mas sorbos de ese vino, vació un poco sobre mi vagina y continúo con su lengua en mis labios, arañaba la cama, jalaba las cobijas, tocaba su cabello … Era un bum de placer.

Después de un buen rato sacó su dedo se acercó a mí y me besó, en la misión de misionero me penetró (regla rota no. 2. No usamos condón). El calor, los movimientos, el vino y todo lo demás, hizo que llegara a otro orgasmo, el sintió esas contracciones y sonreía traviesamente agradeciendo al ser supremo que nos veía pecar tenerme así. Me puso de cuatro puntos y comenzó a darme nalgadas, una tras otra mientras me lo metía con fuerza, sus bolas pareciera que daban ligeros besos poéticos a mi clítoris.

Yo ya no gemía, ya eran gritos de tanto placer desbordado, él tomaba con fuerza mis caderas como queriéndome partir en dos, en ese momento había perdido la cuenta de mis orgasmos, madamas sentía cómo mi corazón latía a mil por hora y sobre todo, esas cosquillitas … Se detuvo y con su erección a todo lo que da, se fue caminando hacia el bolsillo interno de su saco y asomó un cigarrillo, lo prendió y me miro cómo estaba mas que saciada en sobredosis de pasión sobre la cama.

Me dijo que ahora si tocaba un oral, inmediatamente me repuse y él sobre aquél sofá colonial se sentó, tomó un sorbo de vino y me acercó lentamente a su miembro, el sabor que habíamos creado era riquísimo. Lo metía completo y bueno, se lo hacía cómo sólo yo sé (si me conoces sabes a qué me refiero), él gemía y maldecía de lo rico que sentía, mientras recargaba su cabeza sobre esa sala y fumaba su cigarrillo, hasta que en unos minutos llegó en mi boca, explotó cómo volcán haciendo erupción, parte de todo eso cayó sobre mis pechos, Jaen con su dedo índice y justo en mi pezón erecto tomó un poco y lo metió en mi boca, lo lamí sin dejar de verlo directo a los ojos.

Él sonreía y eso es algo que jamás voy olvidar, por la manera tan peculiar en qué lo hacía. Su cigarro se terminó cómo firma de su mejor poesía. Así desnudos nos terminamos la botella de vino platicando de todo, nos bañamos y alistamos para irnos. El tiempo en ese cuarto hizo que nos sintiéramos como si ya nos conocíamos de hace muchos años atrás, de pronto despertó del sueño y vio la hora, preocupado sacó su cartera para completar la tarifa, me acerqué a él y le dije al oído: Tus palabras serán mi mejor pago. Le di un beso y nos fuimos.

La Luna brillaba como nunca.

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