Carlitos

Hola tengo 7 años me llamo Carlitos, viví 5 años en un orfanato porque según los niños mis padres me abandonaron por ser diferente y raro. Nadie quería adoptarme, cuando las monjas les daban unas hojas con palabras extrañas  hacían que cambiaran de opinión y solo me agarraban mis mejillas, sonreían  y se iba a escoger otro niño.

Ese orfanato era extraño, de un lado había un panteón y del otro lado una iglesia, curiosamente estábamos en medio de dos mundos: la vida y la muerte, nunca le di importancia.  

Mi ventana daba justo al panteón y era curioso que mientras a nosotros nos metían a dormir, muchos niños de ahí salían a jugar muy felices, luego me veían y me llamaban y si, varias veces fui sin que nadie se diera cuenta.

Jugábamos a la pelota y a las escondillas, era genial porque había muchas tumbas y arboles donde la luna no alumbraba.

Ellos eran diferentes a los niños del orfanato, ellos: tenían su piel como azulada y rasposa, siempre sonreían y no tenían ojos eran simples agujeros vacíos con una inmensa oscuridad, sus ropas eran viejas y sucias y decían que ellos vivían ahí en esas tumbas que sobresalían de la tierra.

Había una niña muy bonita la cual a mis 5 años me encantaba, tenía la boca cocida y cada que la hacía reír sangraba y dejaba de hacerlo. Casi siempre estábamos tomados de la mano, su mano estaba helada pero no dejaba de ser hermosa.

Luego me decían que fuera como ellos y viviera en un lugar muy bonito pero no me llamaba la atención.

Bueno, pues cuando iba a cumplir los 6 me adoptó una pareja que me miraron siempre con mucho amor, no les importó lo que decían esas hojas y rápido me llevaron a su casa mostrándome cada rincón sobre todo mi habitación. Eran muy amables conmigo aunque fuera poquito tiempo. 

Estaba llena de juguetes, trenes, carritos, peluches y muchas cosas más. Cuando pasé la primera noche ahí, me di cuenta que extrañaba a mis amigos de la noche, daba vueltas y vueltas y no podía dormir.

Al día siguiente me puse a jugar con todos mis juguetes y era increíble ver el recibimiento que ellos me dieron, aplausos, felicitaciones y mucho entusiasmo por comenzar a jugar conmigo.

¡Ah! Y me comentaron que ciertos días alguien iba a visitarlos…

Vivía muy feliz con mi nueva familia, ella era una alcohólica y él un engendro que siempre estaba viendo niños en forma extraña en la computadora y sin ropa de la cintura para abajo, teníamos buenas cenas de pizza y chicharrones, otras veces dulces y panecillos que me compraban en el día.

No iba a la escuela y me dejaban ver la tv todo el tiempo que yo quisiera siempre y cuando no los molestara. Curiosamente el gobierno les daba dinero por el simple echo de tenerme ahí ¡Que buena onda!.

Ahora en las noches mis amigos eran mis juguetes hacíamos grandes escenarios con nuestra imaginación hasta que cierta noche todo terminó.

Mi Madrastra estaba en la sala perdida en alcohol y tirada en el suelo sobre su propio vomito y mi padrastro se metió un polvo blanco por la nariz que le hizo estar como dormido, yo creo que era para descansar bien.

El osito de peluche me dijo que tomara un cuchillo de la cocina, los soldaditos me acompañaron guiando mi camino, el muñeco con uniforme me estaba esperando en la cocina para dármelo y mientras lo tomaba todos mis juguetes ya estaban abajo rodeando a mi madrasta tirada, el osito me dijo tiernamente que lo enterrara en su cuerpo y a ella no le iba a doler, cuando lo hice chorros de sangre salieron y mis juguetes gritaron de alegría, me dijeron que le hiciera más cosas mientras se bañaban con su sangre.

Después siguió mi padrastro que fue el que le tocaron más cosas pues le corte varias partes de sus extremidades y él si alcanzó a gritar pero otro osito le cortó la garganta. Me daba mucho gusto que todos estaban felices y sobre todo orgullosos de mí, me abrazaban y me besaban diciéndome que era el mejor y que pronto alguien llegaría.

La temperatura comenzó a bajar y alguien tocó la puerta del sótano, abrió el muñeco de nieve y era un hombre muy delgado sin cabello y sobre todo sin ojos como mis amigos del panteón.

Me felicitó al ver lo que había hecho y los payasitos le daban el corazón de mis padrastros me abrazó y me dijo que era momento de irnos, pero que me tapara pues afuera había llovido y hacía frió.

Corrí rápido a mi habitación y tome mi chamarra.

En la puerta estábamos ahí aquel hombre y yo y del otro lado estaban todos mis hermosos juguetes llenos de sangre y muy felices diciéndome adiós y que mi nuevo viaje me encantaría.

#yovueloconyezidy
#terror #suspenso

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2 pensamientos en “Carlitos

  1. Me da un poco de miedo pero no puedo parar de leer, gracias por estas historias

    1. 😀

      Y Agarrate por que faltan muchas mas por escribir…
      La que está pendiente y es un caso real : La muñeca de mi abuelita

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