Carnes vírgenes P1

PARTE 1

Había llegado a una edad a la cual el deseo sexual comenzaba despertando mi cuerpo, mis ganas y mis mas oscuros deseos.

Mi experiencia era muy poca, con padre religiosos y costumbres absurdas era imposible tener un poco de privacidad, las pocas veces si no es que las únicas, era cuando iba al baño.

Cuando entraba al baño, tapaba el inodoro, me aguantaba las ganas de hacer del “1”y así comenzaba a masajear mi clítoris, abriendo con mis dedos mis gruesos labios, con mi otra mano acariciaba mis pequeños senos y me mordía los labios para no emitir ningún sonido alguno que llamara la atención de mi madre que estaba afuera. 

Se me hacía tan increíble sentir eso que yo experimentaba, mi humedad tibia y dulce, si efectivamente la probé, el orgasmo era increíble, con el tiempo mejoré la técnica y en minutos lograba algo tan exquisito teniendo esos escalofríos en todo mi cuerpo y sonrojando mis mejillas.

Obviamente antes de salir del baño, me echaba un poco de agua en la cara para bajar el color rojo y no levantar sospechas.

Así eran mis días, cada mañana después de tener un sueño húmedo me iba al baño a consentirme un poco.

Cada domingo íbamos a misa pero hubo uno que marcó la diferencia en mi rutina, pues llegó un nuevo “hermano” al clan, como de unos 45 años; bastante atractivo; alto; fornido; con barba, Ojos negros y canas que demostraban una muy buena experiencia.

Le sonreí cuando nuestras miradas se cruzaron en el saludo con todos ahí, cuando me vio la chispa en mi entrepierna se incendio. Pero bueno, ahí quedó todo y los días consecutivos mis masturbaciones eran intensas al imaginarme aquel señor entre mis piernas, a punto de meter su miembro cabezón y ¿Por qué no? ¡Venudo!

Ahora iba preparando mi vagina, pues eh de mencionar que nunca me había metido un dedo o algo mas, sólo masajeaba el clítoris, estaba ves imaginaba que en lugar de mi inodoro estaba aquel señor sentado, acariciando mis piernas y todo mi cuerpo, abría mas piernas y estando ya muy húmeda comencé a ir metiendo el dedo poco a poco, al principio si me dolió pero fue entrando hasta que logre meter ya dos dedos, me encantaba todo lo que yo me hacía y lo que mi mente me llevaba a imaginar.

Los domingos iba muy feliz pues sabía que lo iba a ver. Mientras el padre daba su Sermón veía aquel señor sentado justo frente de mí, desde sus nalgas hasta todo su cuerpo, me lo imaginaba su ropa y lo que él me podía enseñar.

Así pasó mas de seis meses y por fin se nos hizo encontrarnos cerca del baño de la iglesia, él me saludo primero y me dio un fuerte abrazo, yo encantada le respondí todo y mi reacción física fue luego luego ponerme sonrojada de las mejillas, él comenzó a reírse sabiendo que lo había provocado intencionalmente.

Platicamos un poco para romper el hielo y tocó mis manos, me dijo que están muy suavecitas y que yo era muy bonita. Me preguntó mi edad y se sorprendió cuando le dije que 18, pues según él me veía mas joven pero le encantó saber que era mayor de edad pues vi su brillo en sus ojos.

Continuará…

Penélope

Parte I

Soy Penélope

Alta, delgada,  facciones finas, cuello largo como mis piernas, morena clara, labios gruesos,  soy  36 b y con cintura aún marcada.

Tuve una vida difícil desde mi infancia, fui maltratada por mi madre quien siempre me culpó de  haber  frustrado sus sueños. Se dedicó  a tomar diario y estar con muchos hombres para mantener su vicio hasta que entro al mundo de las drogas y todo fue peor. 

Para ella yo era su aborto con vida, me golpeaba cuando estaba cruda y un día intentó venderme a sus hombres, salí corriendo y cuando regresé después de 3 días ni cuenta se dio de mi ausencia  estaba intoxicada hasta las “chanclas”.

Nunca se me antojó probar algunos de sus vicios, pues veía como destruía su cuerpo y el hombre  la humillaba y trataba como quería.

A duras penas terminé la secundaría y eso con mucho apoyo  de mis maestros pues sabían mi situación, luego me daba pena llegar sin bañarme, con mi uniforme sucio o sin comer, ellos y ellas amablemente me regalaban alguna fruta o me compartían de su comida, pues creo que era lo único sano que comía.

Cuando regresé  a casa y con mi certificado de la secundaria terminada mi madre me tomó de los cabellos y me metió a su cuarto diciéndome que ese sería mi regalo, abrió la puerta y ahí estaba un viejo horrible y completamente  borracho, le imploré que no, que yo la amaba pese a todo y ella decía cosas sin sentido.

Tomé una lámpara y le pegué, ella me soltó, la adrenalina recorrió todo mi cuerpo y sin pensar, comencé  a pegarle la cabeza, ella inmediatamente cayó y no pudo defenderse ni meter las manos.

Cuando vi un charco de sangre desperté de ese trance y sin querer saber más salí corriendo y nunca mire hacia atrás.

Corrí lo mas lejos que pude hasta que mis huesudas piernas ya no podían más.

Viví en la calle por mucho tiempo y al no tener ni ropa, dinero , ni papeles, me dediqué a la prostitución.

Si, tenía casi 16 años y comencé primero haciendo  orales a viejos rabo verdes, su fantasía de  verme tan niña  era mas que suficiente para pagarme un buen dinero.

Fácil hacia 15 orales  lo cual me ayudo para rentar un pequeño  cuarto con una señora de avanzada edad la cual nos agarramos mucho cariño, obvio ella no sabia en verdad en que trabajaba, yo le dije que trabajaba en un mercado haciendo mandados.

Fui creciendo y haciéndome de fama, ya me vestía mejor y tenía un buen dinero ahorrado con puros orales, aún no estaba preparada para entregarme completamente, solo me dejaba manosear y claro que me hicieran orales,  pues mi vagina siempre se les hacía como mis labios…

Continuará…

 

 

 

 

 

Fantasía de hotel

Otra ves estoy aquí, a punto de cumplir otro día más de mi trabajo por decirlo de alguna manera, ya que para mí es placer.

Me mandó un mensaje en la mañana queriéndome ver justo a esta hora y como es aquel hombre que me encanta por esas facciones, accedí sin demora.

Nos encontramos en el mismo lugar de siempre, en esa gran avenida para dirigirnos al mismo hotel, aquel que encerraba nuestros mas grandes secretos.

Cuando llegó en su Sentra  y me subí, de nuevo comenzaba aquella fantasía, ver su rostro, sus ojos negros, su cabello ya un poco canoso pero sin que se vea acabado, su manzana y esa quijada, mi mente volaba.

Él iba de traje negro con camisa blanca, siempre elegante y aún poco nervioso pese que ya nos hemos visto muchas veces anteriormente.

Tocaba mi pierna y ésta ves ya no veía mi cuerpo, veía mucho mis ojos, platicábamos como siempre de todo sintiéndonos cómodos  uno del otro.

Me decía que le gustaba mi alegría, mi sonrisa y esa paz que siempre le  transmitía. Cuando llegamos al motel me dijo que no me bajara mientras pagaba el cuarto, que me quedara ahí hasta que el me abrió la puerta.

Era tan lindo ver ese rastro de caballerosidad hacia mí.

Pidió Vino a la habitación y comenzamos a brindar por ese momento, él seguía un poco nervioso y yo inquieta porque sabía que algo iba a hacer diferente.

Nos sentamos en la pequeña mesa, frente a frente, poniendo música en el celular para animar el ambiente.

Me fui desabotonando la blusa para descubrir mis pechos que tanto le gustaban y por supuesto  incitarlo a que simplemente me tomara y me hiciera suya,  él me veía con mucha atención y no lo niego, esa mirada me ponía nerviosa, levante mis piernas y las acaricie para descubrir el ligero negro que llevaba puesto, me sonreía y me mandaba besos, me levante hacia donde él estaba sentado y abrí mis piernas para acercarle mis pechos y los besara, él me quitó el bra, los descubrió y los tomó en sus manos para enseguida besarlos, me senté en sus piernas para estar frente a frente.

Sentí su bulto duro y le fui quitando la corbata poco a poco, sin dejar de ir haciendo movimientos con la cadera, le fui besando el cuello y con la lengua acariciando esa manzana. Sus manos tocaban mi cuerpo y mis manos ligeramente tocaban esas facciones, hasta que nuestras bocas se encontraron, dándonos un beso largo y caliente.

La camisa ya me estorbaba y por cada botón suelto le iba dando un beso, hasta que  lo descubrí y me pegué a él para que sintiera mis pechos ya erectos.

El tocó mi entrepierna y  yo con mi otra mano le hacía que tocara con fuerza, que apretara y sintiera mi humedad.

Él me tomó de la cintura, me dirigió hacia la cama, me sentó y frente de mi comenzó a quitarse la ropa, hasta que descubrió frente a mi su miembro ya erecto y listo para estar en mi boca, lo tomé con mi mano y comencé hacerle la felación, suave como se que le gustaba, hasta adentro sin tener ese “arqueo” pues ya lo tenía muy bien dominado.

Le acariciaba las nalgas y él me tomaba del cabello para tener un poco de control, así duramos unos 10 minutos.

Él me recostó sobre la cama y ahora era mi turno de hacerme el oral.

Me abrió lo mas que pudo las piernas y comenzó a besarme, su lengua era espectacular, mi cuerpo se llenaba de electricidad al sentir todo eso, le quitaba la capucha a mi clítoris y muy suave lo acariciaba con su lengua, él me estaba diciendo de cómo me iba creciendo y se iba poniendo mas rojito.

Hasta que llegué a mi orgasmo y él con su lengua lamia todo mi liquido, se levantó y se dirigió a besarme mientras con su dedo lo metía para estimular mi punto G.

Mi cuerpo reaccionaba con espasmos y mis gritos eran un poco mas fuertes hasta que sintió  el chorro, tomo su miembro y me penetró me dio duro y hasta el fondo, veía que cuanto mas fuerte me daba mis pechos rebotaban mucho mas y eso le encantaba a él.

Me ponía las piernas en sus hombros y le sentía mucho mas dentro de mí y tanto así que nuestros jugos los sentía ya escurrir hasta mi trasero.

Casi a sus 40 años y tenía muchísimo aguante y fuerza sin necesidad de la pastilla azul.

Me puso ahora a la orilla de la cama y él parado comenzó hacer movimientos ¡Circulares! Yo ya estaba perdida de placer.

Los minutos pasaban  y él me seguía dando, perdí la cuenta de los orgasmos lo que si es un echo es que hasta la punto de los pies estaba saciado de éxtasis.

Terminó en mi vientre y  exprimiéndose lo poco que le quedaba acercó su miembro a mi vulva y comenzó a frotar…

Al final los dos estábamos acostados viendo el techo y su genial arquitectura.

Descansamos un poco y nos dirigimos a bañarnos juntos como siempre, él preparó el agua y ahí estábamos nuevamente, en total vulnerabilidad ante nuestros cuerpos y sentimientos.

El silencio se convirtió en un delicado cristal  que se rompió con un mensaje al celular de él.

Nos salimos de bañar, nos vestimos y cuando yo me dirigía a la puerta para ya irnos, él me tomo de la mano y me abrazó muy fuerte, dándome pequeños besos.

Cerré mis ojos y lo abrace igual, sin decir ni una sola palabra creo que ambos nos dimos cuenta que esto no podía ir mas allá de la fantasía que nos hacía volar en ese hotel de la gran avenida.

 

 

 

El juicio final

La oscuridad había caído y no era precisamente de la noche. A lo alto de los cielos se escuchaban tambores y se ocultaba la luna.

La gente salía de sus hogares sorprendida por tal acontecimiento tomaban sus móviles y comenzaban a grabar para enseguida compartirlo y fue donde se dieron cuenta que aquello se veía por todo el mundo.

Todo estaba completamente paralizado y comenzaron los murmullos de la gente.

Vieron después de unos minutos como el cielo comenzó arder y se tornaba rojizo, el suelo se abría y se escuchaban lamentos bajo de él. La Gente empezó a gritar desesperada y otros tantos corrieron a los templos de su religión que obviamente les cerraron las puertas, así que abarrotaron las entradas con tal de que los dejaran entra, poderse salvar y pedir a su dios el perdón pues sabían que era el juicio final.

EL caos se desató aun mas cuando entre ese cielo rojo y la oscuridad combinados comenzó a emerger algo tan inmenso que a todos contuvo por un segundo pues el ambiente era pesado y de miedo.

Pronto se escuchó unas palabras guturales que nadie entendía y aquel ser se visualizo en total magnitud.

Era nada mas y nada menos que El señor de la Oscuridad que venía a proclamar el alma y sangre de los mortales.

Tras él y saliendo de las grietas de la tierra, salía una horda de demonios excitados por matar y robar de la manera mas grotesca aquel dulce néctar de cada uno de aquellos mortales. La gente corría por todos lados y eso que aún no les hacían nada pero al solo ver tan horribles seres salían despavoridos.

Mientras El Señor de la Oscuridad se sentaba en su gran trono el cielo comenzó a quebrantarse y de ahí salió una luz demasiado brillante que cegó por instantes a todos era un ejercito de ángeles con armaduras de oro y grandes alas de los cuales bajaban para proteger a los mortales.

El Señor de la Oscuridad comenzó a reírse burlonamente y dijo en voz gutural en un idioma que solo aquellos ángeles y demonios entendían:

-Se ha roto el pacto que teníamos firmado. Sé que me escuchas tras esa blanca luz y que sabes que una de tus ángeles abrió el cielo y bajó al infierno (1) para llevarse a uno de mis mejores bastardos , sus cabezas los tengo como trofeo por la gran guerra que han provocado y que gracias a ellos calmaré mi sed. ¿Ahora vienes a detenerme? Cuando tu misma gente lo ha provocado.
Tras esa luz una voz con eco respondió:
-Reconozco el error, pero los mortales no tienen culpa de que en dos seres el amor haya nacido y paguen con su alma, pelea conmigo pero no aquí…
-¡Jamás! Todos arderán con las llamas de mi infierno por que en ellos también crece ese repugnante sentimiento, así que te lo pido ¡No me estorbes!.

Un caballero de la oscuridad levantó una trompeta y la hizo sonar, aquellas hordas gimieron de lujuria y comenzó la masacre sin piedad.

Los ángeles bajaron ayudar a los mortales matando a los demonios pero todo se tornó color sangre, los demonios eran por mayoría así que iban ganando.

Aquél dios veía desde  lo alto  como su ejercito caía eso lo enfureció y con su gran poder creó grandes rayos con una inmensa luz que cegaba y distraía a los seres del infierno.
Fue así que los ángeles comenzaron a ganar ventaja …

Continuará….

(1) Ironía. Relato del cual se hace mención.

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Gracias.

Ironía

EL DEMONIO

Me encanta ver a ese dulce ángel, con su piel blanca como la pureza , sus ojos llenos de ternura, su sonrisa inocente como sólo ella misma lo sabe ser y sus grandes alas de libertad.  

Veo como baila y su cuerpo se contonea a la melodía de  un violín. Mueve sus manos al son de cada nota, todo pareciera que gira a su alrededor,  las hojas de los arboles caen a su camino como agradeciendo su existencia y alegría.

La adoro ver desde las profundidades de mi infierno,  por ese cielo abierto que me permite ver tan magnifica criatura creada a la perfección.

Acaso ¿yo podré ser su protector? ¿Podré subir a ese cielo y violar las reglas? Su piel tan delicada y virginal ¿podrá aguantar mis manos ardientes? ¿Su boca podrá aguantar el fuego de mi deseo?

¿Que se sentirá tocar su piel? ¿Qué abra detrás de sus bellos ojos?

Muero por estar un segundo con ella y ser la oscuridad que la proteja.

Pero no, no creo que quiera estar con un demonio que baila con las brujas en el aquelarre, bebe sangre y amanecemos mezclados en la orgía de cada luna llena.

Tenerla  a mi lado seria como tener una bella flor: jamás lastimarla y cuidar tan delicado ser sin violentar su inocencia y pureza.

¿Que se sentirá tocar su piel? ¿Qué abra detrás de sus bellos ojos?   

Muero por estar un segundo con ella y ser la oscuridad que la proteja.

EL ANGEL

Cuando me oculto de mi Creador voy aquel lugar donde el cielo está roto y puedo ver hacia abajo donde el infierno arde y ahí es donde lo observo, aquel demonio único ante los demás.

Veo la perfección de sus formas, sus ojos negros como la total oscuridad, sus labios ardientes  y deseosos  de un beso lleno de lujuria, sus manos creadas para tocar los puntos exactos del placer.

Su cabello negro y largo aquel que quiero enredar en mis dedos, su cuerpo es grande y fuerte del cual quiero sentir cerca de mi, quiero que esas manos recorran vulgarmente mis partes.

Que sus labios invadan mi boca, que sus ojos penetren mi inocencia pura, quiero que me haga suya como lo hace con las de su “clase”.

Acaso ¿yo le gustare? ¿Se espantará con mi inocencia?

Porque quiero gemir de pasión y saber que es sentirlo dentro de mí.

Huir juntos de todos a un mundo tan lejano como mi deseo de estar con él.

Quiero que me haga suya  y yo ser sólo para él.

Violar cuan miles leyes están escritas para que esta  unión  jamás suceda, pero por él quiero ser hasta lo imposible y sentir su protección rodeados de total oscuridad.

Ser ese pecado que los mortales contarán algún día en sus leyendas bajo la luz de la luna.

 

Abriendo las puertas de Aradia

Aradia es una tierra sumergida en las profundidades de la noche, donde quien la habita es ella, Kelpie La Dama del amanecer, desde niña fue criada y educada para pelear, le enseñaban la historia de viejas tierras, las lenguas muertas por sus antepasados, el origen de todo.

Cuando llegó a la adolescencia, fue llamada para participar en una batalla con su Padre,  el Creador de ese mundo, aquél ser al que todos le temían por su inmensa oscuridad.

Ella fue de las mejores en combate, no conocía la piedad y la misericordia, su hambre era de sangre con quien se revelaban ante su Padre. Aniquilaba sin piedad a sus oponentes y tan solo con una espada cualquiera o sus manos.

El Creador estaba muy orgulloso de Kelpie su hija, ante un ritual a la luz de la inmensa Luna, se le tatúo en su espalda las palabras “In hoc signo vinces”. Todos los presentes ovacionaron tan magnifica celebración.

De igual manera se le forjó una espada con el fuego del infierno y que tan sólo ella la podía manejar. El regalo que marcaría toda su vida.

Así creció, entre batallas con criaturas extrañas para dominar lejanas Tierras o bestias de mundos dispersos, cuando cumplió los 19 años de edad ya tenía un ejército bien formado, un castillo levantado por su Padre y lo mejor, su corcel negro como la noche y ojos blancos como la Luna, la combinación perfecta para su ser.

Su nombre comenzaba hacer leyenda y de cierto modo temían mencionarlo por temor a invocarla y morir

Kelpie era;  alta, delgada y su cuerpo siempre vendado hasta el cuello,  nadie conocía el verdadero color de su piel, lo que se contaba era que estaba lleno de cicatrices de las batallas y para ella eran trofeos de cada victoria. Una armadura y siempre su cabello largo y negro que a veces cubría la belleza de su rostro.

Ella era solitaria y con mirada tan lejana siempre hacía el horizonte, pocas veces hablaba y pocas veces sonreía, esas pocas veces me refiero a que Kelpie con quien mantenía largas conversaciones y reía con júbilo era con la Luna, quien consideraba majestuosa al alumbrar tan inmensa oscuridad en la noche de la tierra de Aradia. Cuando no estaba entrenando o estudiando , ahí le veía en lo alto de una montaña y bajo el cobijo de un viejo árbol platicado de todo con la Luna.

En su corazón se le había enseñado que no debía entrar ningún sentimiento que alterara su calidad de pureza. Aquellos brujos sabios le hablaron de otro mundo donde quienes habitaban eran dominados por un sentimiento inculcado por su mas grande Dios  y que jamás debía de ella ni quiera asomar su curiosidad por el pacto sagrado entre el  mundo de Kelpie y los del Dios de Luz.

Kelpie hace años tuvo una batalla no como cualquiera de las anteriores, era con un ejército de demonios mandados por el Dios de las Tempestades,  quien en su poder tenía al Dragón mas grande de todos y era codiciado por su sabiduría y su fuego,  ya que tenía el poder de abrir portales a otros mundos o  lugares muy lejanos.

 

Kelpie se preparó con Viejos sabios y brujos de su formación pues en ésta ocasión el poder de los conjuros y magia tenía que ser inminente así que aprendió a mover cielos y tierras con palabras muertas de los viejos Eddas.

Ese día de la batalla ambos estaban listos kelpie levantó su espada y dio la señal de atacar, todos gritaron excitados de tan esperado combate y cuando los oponentes y su ejército chocaron hicieron latir la tierra, ella iba sobre la cabeza de aquél dios que con ansias la esperaba cuando se encontraron , sus miradas se retaron y ardían de poder , él con su espada la hirió en un brazo y ella..

Continuará…

Los $150.00 mejor invertidos

Como todas soy una ama de casa cansada de siempre lo mismo por mas de cinco años; el quehacer, los hijos, los gastos, comidas, etc.

Un día con chongo en el cabello, pans (por nunca tener tiempo para mí)  y con más flojera de lo habitual, fui al tianguis. Ver a más mujeres como yo me deprimió  aún más.

Caminando, ver los precios, la calidad de la mercancía y más cosas ya sin sentido para mí, logré ver a lo lejos  un puesto que me llamó mucho la atención.

Masajes por $150.00  Acaba con tu estrés y falta de ánimo

Era lo que decía el letrero,  pero lo que más me llamó la atención fue el “masajeador”,  un hombre; alto, corpulento, poco barba, ojos grandes  tupidos de pestañas, cabello un poco largo y esos labios carnoso que figuraban una sonrisa en su rostro.

Me quede literalmente babeando haciendo que mi imaginación volara mucho más allá de un simple masaje.

Pensando en si podía pagar ese dinero y al final de la quincena no llegaría  con pesos en mi monedero.

Sin darle mucha importancia me acerqué,  levantó su mirada  y me sonrió.

Tímidamente le pregunté mas acerca del masaje y sin imaginarlo me tomó del hombro  e inmediatamente  por mi cuerpo corrió una sensación extraña que hizo que me acomodara en la camilla de ahí en adelante mi vida cambio aunque no lo crean.

Por 40 minutos me relajo como nunca lo había sentido, mi cuerpo lo sentía ligero y claro llegó a mi esa felicidad que ya extrañaba.

Le pagué sus merecidos $150.00  y la verdad se lo agradecí de corazón, creo ya tenía pila para unos 2 años más antes de volver a caer en el hoyo del aburrimiento y cotidianidad.

Sin embragó él me dio su tarjeta y me dijo que fue la primera “terapia” para llegar al verdadero climax ya que sabía que en mi había otra parte de la cual también necesitaba relajarse.

Me quedé tan feliz que no le tome importancia a sus palabras

Fui a comprar mi  mandado y llegué a casa hacerles la comida que mas le gustaba a mi familia, llevé a mis hijos al parque y le mandé mensajes de amor a mi marido por el cel.  Todos me tomaron de loca por que no entendían que me pasaba pero fue lo que menos me interesó.

En la noche cuando ya nos íbamos  a dormir sorprendí a mi marido con un negliguee negro completamente de encaje, sus ojos no cabían de lo sorprendido que estaba y me fui acercando a él poco a poco, total, le hice un oral tan rico que casi se viene en mi boca, lo monte y yo fui quien lo cogió tan rico  que ambos llegamos al mismo tiempo.

Pasó el tiempo y seguía yo muy tranquila y por accidente encontré la tarjeta del “masajeador”  y me quedé pensando en lo que me había dicho. Así me me puse en contacto con el y fui a  su consultorio personal.

Era simplemente sensual, ese color morado claro que tenían las paredes, flores que hacían conjunto con la música suave y el aroma riquísimo a diferentes fragancias que enchinaban mi piel.

Me dijo que me quitara la ropa en el baño y me pusiera una bata  y enseguida me acostara sobre la camilla

Sin pensarlo lo hice y sin negarlo estaba muy nerviosa, él comenzaba a gustarme y sentía cierta culpa por sentir que engañaba a mi marido y le fallaba a mi familia, pero recordé que de un tiempo a la fecha nadie se tomaba la molestia de ayudarme en algo o hacerme un detalle sencillo como bien sabían que me gustaban.

Salí del baño y me quité la bata,  ya recostada sobre la camilla y completamente desnuda le di el aviso y él entro en modo misterioso, sin dejar de sonreír y verme a través de esos enormes ojos.  Antes de que empezara le pregunté que cuánto iba hacer. ( ja ja ja sólo a mi estando ya encuerada se me había ocurrido preguntarle del precio).

Sin molestarse ni nada me dijo que sólo por ser para mi y confiar en él serían igual $150.00 pues me dejé querer y  cerré mis ojos.  Se puso un aceite riquísimo en sus manos y comenzó a untarlo sobre mi cuerpo, vaya se sentía ese rico calorcito y sentí que tal placer comenzaba a excitarme,  masajeaba cada centímetro de mi cuerpo, con dulzura presionaba mis pechos, tocaba entre mi cuello haciendo que mis hombros se relajaran aún más.

Jamás sentí que se quisiera  aprovechar  de mí

Y así fue bajando hasta llegar a mi parte íntima donde poco a poco comenzó abrirme mis piernas y comenzar a masajear mi clítoris, suave sin decir ni él ni yo una sola palabra comencé a conectarme con él.

Sus manos soltaron más magia y mi mientras sus dedos seguían masajeando ahora mis labios  mi sensación de placer era mas grande, de momento quería que me penetrara pero no, esto era algo muy nuevo para mi y lo quería experimentar hasta el final.

Era como si en cada centímetro de mi cuerpo sentía sus manos aunque en ese justo momento estaba en mis labios y clítoris, sin moverme y aún con mi respiración tranquila llegué a un orgasmo que en mis 40 años jamás había sentido y mucho menos pensé que existirá algo así.

Sólo di un suspiro y él me dijo con esa dulce voz varonil que me quedara un rato así y que si quería me podía dormir un poco.

Por más que traté de responderle no pude estaba tan relajada y confiada que me quedé dormida por más de 3 horas. Cuando me desperté me levanté y me vestí. Salí a la recepción y le pagué sus $150.00 y de reojo vi que ya había otras dos mujeres más en espera de su espectacular masaje.

 

Dulces sueños baby Parte 2

Me di cuenta que no podía vivir sin ella y yo era el juego, sus mentiras me acuchillaban  por la espalda, el dolor era mucho mas grande, vi que disfrazó muchas cosas para que no me diera cuenta que ella aún estaba ahí.

Ya eso no era más que una simple amistad, desde que formaron ese vinculo eso iba mucho más allá, o de plano sentir ese culote cerca lo hacía sentir bien.

Y mientras de nuevo mi primer  gran monstruo comenzaba a tomarme y mis recuerdos invadían mis venas, subieron  del infierno  ángeles que me rescataron  de aquella masacre. Por un momento cegaron al  monstruo para sanar mis heridas. Me tomaron en sus brazos y me dieron ese calor que necesitaba y así como vinieron se fueron.

Mientras mi marido reía y veía a escondidas aquella mujer

Me sentí tan desdichada, un ave sin plumas ni alas encerrada en una jaula que tenía miedo a salir por todo lo que sentía mi ser. 

Pasaba el tiempo y una ves caminando por la calle escuche que alguien me gritó “Batman”, sólo una persona me llamaba así, miré inmediatamente y si, era él, ese amigo de borracheras y parrandas de la prepa, nos abrazamos y después de mucho tiempo por fin sentí un calor en mi cuerpo  y en sus brazos encontré protección, inmediatamente vio que en mi algo andaba mal.

Fue cuando en su departamento y con unas líneas le conté lo que me estaba pasando aún entre risas que él veía por los efectos de la droga logró sentir mi más profunda tristeza .

Me abrazó y me pidió que le contara todo literalmente todo y hasta lo que desconocía de mi niñez, que él era un demonio más en mi vida, que nuestros infiernos eran muy parecidos, me desahogue en sus brazos  y mi tristeza pudo mas que la maldita droga, me miró a los ojos y me dijo que no estaba sola que por algo había aparecido en mi vida otra ves y que me iba  ayudar.

Para él y desde que me conoció siempre fui una mujer muy valiosa casi su hermana que juró siempre proteger y cuidar pero por azares del destino nuestros caminos se dividieron y  extrañamente ahora estaba ahí a mi lado para ayudarme.

Mi amigo al que llamaremos Ricardo, era de un barrio pesado que manejaba un gran número de gente para vender drogas, asaltar y cosas así.

Era algo que no me gustaba  pero no podía interferir en su vida.

Mientras  Ricardo me hacía sentir segura, yo cada noche volvía a  tomar la espada para combatir a mi más grande monstruo, la batalla era crucial, verlo a los ojos y enfrentarlo fue bastante duró, mis demonios combatían mis recuerdos y levantaban grandes muros para que nadie volviera entrar a ese mundo que sólo era mío.

Otros tantos mataban sin piedad todo sentimiento que tenía hacia él, despertaban de las tumbas mi mas grandes placeres  que había sepultado por tener por fin algo bien con él, pero no, no sirvió de nada.

Sonreía otra ves, sentía un poco de calor nacer desde mi tierra mas profunda

Ricardo me dijo que ya la tenía bien checada su nombré aquí será Alfaro, sabía bien sus horarios, donde vivía, teléfonos, familiares, etc.  Y sobre todo el lugar donde todo sucedería.

Yo me sentía ya lista sólo esperábamos el mes de  octubre, el  mes donde todo comenzó. Y justo el 14, mientras salía del trabajo y despedirse de mi marido, un auto sin placas la abordó, le inyectaron un tranquilizante y la llevaron al punto de encuentro donde los esperábamos Rodrigo y yo.

 

 

La llamada inesperada

Contemplaba la noche y seguía sin poder entender nuestra separación, simplemente era perfecta, cada instante entre nosotros hacia el tiempo y espacio maravilloso y bastante productivo, ahora recostada sobre mi cama, me pongo a pensar de lo bueno que fue estar a tu lado, a nadie nunca  le he tenido tanta confianza como para ponerle mi trasero en su cara y con su boca me hiciera el llamado “beso negro”.

¿En qué nos equivocamos?

Tu fuerte y maduro yo simplemente tierna y sumisa. El equipo perfecto que a la hora de coger, simplemente no olvidábamos de todos y todo. Me abrías las piernas lo más que podía y en la orilla de la cama te acomodabas para lamer mi sexo, mordisquear mis grandes labios y  los abrías  para meter tu lengua y sentir ese movimiento que me prendía como no tenías ni idea.

Cuando con tus dedos me penetrabas mientras movías como remolino tu lengua en mi clítoris  y yo no dejaba de gemir y pedirte más y más.

El momento de  regresarte el favor  era de lo mejor y  que me mojaban más, me gustaba sentir tu pene erecto y duro, esa venas sobresalientes que lo hacían más viril ante mis ojos, verte sin bellos me hacía disfrutarte más y metérmelo todo a mi boca y eso que lo tenías enorme.

No sé dónde había mas humedad si en mi boca o en mi sonrisa vertical

Te lo chupaba como te gustaba y a veces ponía tu mano en mi cabello para que lo jalaras y me movieras si es que querías sentir el dominio, a veces me sacabas lágrimas de tanto que lo tenía hasta la garganta, pero  ¡pff! A mi también me encantaba.

Cuando ya tenías todas las ganas listas, me agarrabas de la cintura y me volteabas para ponerme en cuatro, me dabas unas nalgadas mientras que con tu pene acariciabas mi vulva y buscabas la entrada, me dabas fuerte y nuestros cuerpos hacían el ruido de aplausos (jaja).

Me tomabas de nuevo el cabello y me lo jalabas hacia atrás sin dejarme de dar tan fuerte o a veces simplemente levantabas más mis caderas y me ponías con los pechos tocando la cama para que vieras en magnitud lo que sólo era tuyo.

Mis pechos rebotaban y sin mentir llegaba a babear de tanto placer, ahora también recuerdo cuando sacabas nuestro dildo del cajón del buró y me penetrabas el culo y…

¡Dios mío! Es una llamada de él …

-Bueno…

Continuará.

Amor de locura – Fragmentos

Bueno como les había comentado el principio de la relación con mi marido fue puro “amor y dulzura”, nos casamos  y vivimos un rato enamorados. Después de un tiempo la chispa se apagaba y ambos nos sentamos a platicar para ver qué es lo que sucedía.

Resulto que ambos queríamos probar más cosas y estábamos en total de acuerdo en experimentar, lo que nos llevó a tener varias aventuras de todo tipo.

En ésta ocasión,  te puedo decir que una de las primeras que hicimos fue con los disfraces.

Me tocó ser su esclava sexual, mi atuendo era un collar donde él me podía pasear por toda la casa, un corset negro que delineaba mi estrecha cintura, unas pantys con orificios desde el trasero hasta mi vulva, y mis pechos al aire.

En nuestra cama teníamos cadenas para cuando él quería atarme, y un látigo como de cuerpo pero no, cuando el me azotaba, no dolía al contrario se sentía riquísimo.

Bueno, cuando él llegaba de trabajar ( y dentro del  juego),  yo le ponía  la comida en la mesa y mientras le servia agua o acomodaba  los cubiertos,  él me apretaba las nalgas  o me daba mis respectivos correctivos.

Había ocasiones donde mientras el cenaba yo le hacía un oral hasta que se venía en mi boca.

Me decía que le gustaba sentir los dos placeres mas grandes de su vida, el sexo y la comida, sobre todo la mía y eso hacía que me amara mucho más cada día. Cuando quería también sobre  la cama me esposaba las manos y me hacia el llamado “sexo salvaje”,  fue cuando conocí el placer de mi Punto G, fue tanta la estimulación que eche el “chorro” y el se vino inmediatamente en mis pechos.

Lo mas tierno es que en cada final siempre me preguntaba si estaba bien, me daba besos, me decía te amo, y después ya me apapachaba

¡Ah! Deja te digo como me cogía: como estaba esposada de las manos, me levantaba las caderas y me lo hacia fuerte, apretando mis pechos, luego me besaba moviendo su lengua por toda mi boca, había ocasiones en que después de mi cogida y antes de que él se viniera, se salía y dirigía su miembro a mi boca para que le hiciera el oral, agarrando mi cabello y dirigiendo los movimientos.

Regresando a cogerme y terminar con broche de oro, ponía mis piernas en sus hombros para que entrara mas su miembro y sus testículos chocaran son mis nalgas, ambos sentimos como escurría todo nuestro “vino del amor” , me lo hacia fuerte o suave hasta que llegaba  y sentía su chorro tibio salir de mi sexo.  Me liberaba y me tocaba hacerle nuevamente el oral para recoger ese preciado líquido.

Cuando me tocaba ser sirvienta (el atuendo bastante escaso), mientras yo tallaba el piso en cuatro puntos él llegaba y me tomaba por atrás cogiéndome sin dejar de tallar el piso, otras veces el se sentaba en el sofá y me pedía que sacudiera las cortinas, así que me subía a una silla y apuntando a sus ojos movía mis nalgas o me agachaba para que el tuviera un buen espectáculo mientras él se masturbaba.

Obviamente  a mi también me tocaba ser la domadora, mi traje era casi igual  que de esclava sexual,  solo que yo usaba unas botas largas y negras que me llegaban arriba de la rodilla.

Cuando le pedía me hacía la comida y me lo entregaba en tanga (si, efectivamente, por mi acepto usar ese tipo de  calzones para hombre jaja), yo hacía que cayera poca comida sobre mis pechos y él con su lengua lo limpiara, o mientras veía una película le decía que me hiciera un oral, sentada en el sofá,  mi tv de frente y mis piernas completamente abiertas el se ponía en 4 y me lo hacía hasta que quedaba satisfecha. 

Otras veces yo le ponía las esposas y lo montaba

Me movía de arriba abajo o de enfrente para atrás, me gustaba ver como se aguantaba las ganas de llegar por tan rico que sentía, yo masajeaba mis pechos ante su mirada,  luego me levantaba y hacia que lamiera mi sexo, también yo moviéndome y él con su lengua hacíamos la combinación perfecta. Ya fuera de frente de él o de espaldas lo cogía para que viera mis nalgas moverse y no las pudiera apretar o besar y así hacerlo sufrir un rato. 

También llegué hacerla de “teibolera”, lo sentaba en una silla y le bailaba, él me ponía dinero por donde pudiera y para asimilar un  privado nos metíamos al baño a coger, me decía que estaba casado y estaba cumpliendo la fantasía de hacerlo con una “puta bailarina”.

Afortunadamente él también me bailó,  a su manera sin tanto movimiento sexy pues ni cumbia bailaba, pero  lo hacía muy bien y se lo recompensaba con un sexo bastante rico.  

Otra ocasión yo la hice de Prostituta, me fui a parar a una esquina y él enseguida llegó con el carro, le di mis tarifas y no alcanzamos a llegar a un hotel , la calentura nos ganó y nos quedamos estacionados en un parque ya de noche, ahí mismo sentado en el auto me agachó para hacerle el oral mientras él con sus dedos me penetraba  y agarraba mis nalgas.

Enseguida me dijo que nos pasáramos a la parte trasera del auto y lo hicimos de misionero ( fue bastante incomodo). Con palabras como: perra, coge, callejera, te gusta mi verga, etc. Y  la adrenalina de que nos fueran a cachar fueron ingredientes para llegar a nuestro objetivo hasta que escuchamos que alguien tocó y nos alumbraron con  una lámpara, si, nos cayó la policía y lo que mi marido me iba a dar por ser su prostituta se lo dimos al “poli” de mordida.

Para la siguiente ves te contaré la historia de cómo comenzamos el mundo swinger.