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Me encanta tenerte sobre la cama completamente desnudo y en silencio, tu cierras tus ojos al dejar pasar tan increíble placer de hace un rato.
 
Nuestras respiraciones se conjugan entre esos silencios.
 
Abres tus ojos con un brillo que sólo veo en ti y lo mejor es, que es cuando me miras.
 
Me haces siempre sonreír y sentirme especial para ti.
 
Platicamos como no lo hacemos con nadie más, que hacen esos momentos tan únicos entre tú y yo.
 
Amarte tanto y no poder expresártelo, es el dilema en ese momento.
 
El poder demostrarte todo ese cariño que buscas en mí, perderme entre tus brazos así como en tu mirada, llenarte de besos por todo tu cuerpo, tomarte de la mano y salir juntos al mundo, darte de comer como niños, apapacharte cada que te vea cansado, que te duermas en mi pecho escuchando mis latidos, siempre ser para ti ese escape a todo.
 
Sientes mi calor pero no esa parte que aún a pesar de los años aún no conoces.
 
¿Por qué no puedo expresarlo?
 
¿Por qué me cuesta tanto trabajo?
 
Y, ¿Qué pasará si lo saco?
 
Te irás lejos de mí o te derretirás y ya jamás me dejarás ir.
 
No lo sé.
 
Te expreso en cada una de mis palabras todo ese cariño pero creo es hora de escribirlo en tu piel.

Si tu no estás aquí Parte Final

Habían pasado más de 9 años sin volverse a ver y no saber nada uno del otro y ahora ahí estaban frente a frente.

Su espacio se convirtió en silencio y en ese momento estaban sólo ellos dos, los recuerdos estremecieron sus cuerpo y ambos se abrazaron sin decir ni una sola palabra.

Entre murmullos se escuchaba que alguien lloraba y entre susurros le dijo:

– No llores más…

Se volvieron a ver a los ojos y para romper el hielo se dijeron:

-Hola-.

La chispa se encendió pues ya no eran más unos jóvenes, ambos eran adultos ; hombre y mujer deseosos de lo que habían dejado pendiente hace muchos años.

Se tomaron de la mano y ella sintió como una electricidad le recorría de la mano a todo su cuerpo que hizo erizar la piel y apretó más su mano.

Frente a ellos había un hotel y ambos decidieron entrar, al cerrar la puerta con seguro ella prefirió que se hiciera con luz media pues no quería que él viera las cicatrices de su cuerpo, él aceptó con gusto ya que no quería que ella viera sus ojos llenos de soledad.

Ella se acercó a besarlo para recordar esos labios que la encendían, él la abrazo de la cintura y la pego a su miembro para que sintiera que estaba excitado.

Su respiración de los dos era agitada y con nerviosismo pues iba hacer su primera ves, en sentido figurado.

Ella se acercó a la cama y se quitó la blusa, él no podía creer la inmensidad de su gran gusto (se lo tenía bien guardadito), se acercó para quitarle el sostén y el sintió que en su miembro ya le estorbaba la ropa por ver esos pezones completamente erectos y la afinidad de su cintura que jamás se imaginó.

Ella comenzó a quitarse el pantalón y las bragas contoneando un poco su cadera para disimular los nervios.

Se acercó a él y le quitó la camisa, acariciando su pecho y dando pequeños besos, él reaccionó y la tomo del cuello para besarlo (como recordaba) y a ella le puso la piel chinita y fue cuando emitió su primer gemido pues aparte de lo rico que sentía su barba le daba cosquillas.

Ella comenzó a bajarle el pantalón hasta dejarlo completamente desnudo, tomo el miembro en sus manos y poco a poco lo fue manipulando, él se acostó sobre la cama para mayor comodidad y ella se puso en 4 frente a él para verlo directamente a los ojos y con el trasero bien levantado para excitarlo más.

Ella comenzaba a lamerlo poco a poco y en su lengua lo sentía súper caliente, con su mano y la boca combinación perfecta para que él nunca la olvidará. Se lo metía hasta adentro apretando y soltando con su garganta la cabeza y cuando ella no podía mas lo sacaba y lo estimulaba con la mano y mientras se recuperaba lamia sus bolas metiéndolas también a su boca.

Así varias repeticiones hasta que él dijo que ya no porque si no iba a llegar y él quería más.

La tomó de su cara y la levantó para besarla y mientras con sus manos agarró su cintura y la acomodó para penetrarla, ella nuevamente tenía el poder, subía y bajaba y cuando se cansaba lo hacía de atrás hacia adelante, mientras él veía como rebotaban sus grandes pechos y su cara de satisfacción, él disfrutaba tanto que la volteo y la puso en cuatro puntos, comenzó a penetrarla y le bajó la cabeza a la cama para tener el control absoluto de todo.

La sensación de placer para los dos era indescriptible, ella estaba súper húmeda y había perdido el conteo de los órganos que había tenido. Jamás había sentido algo así y recordó una frase “Muchos harán latir rápido tu corazón pero sólo uno hará vibrar tu alma”, era justo ese momento que su alma vibraba y disfrutaba todas las sensaciones que recorrían su cuerpo.

Él le daba ligeras nalgadas y cuando le daba fuerte y hasta adentro sentía riquísimo ya que tocaba algo que hacia querer estar mucho más adentro y seguir dándole.

Él estaba convencido en ese momento que ella era a quien amará con toda la pureza e inocencia de hace mucho tiempo pero …

Llegó el momento en que ambos gemían ella levanto su cuerpo y él escuchaba como sus pechos rebotaban, eso le excito más la tomó del cuello sin dejar de darle para besarle el cuello y ella grito y expulso el chorro, de igual manera él llegó a lo suyo.

Se recostaron sobre la cama y él vio a discreción las cicatrices del cuerpo de esa niña, ella sin querer vio la tristeza y soledad de su mirada pero nunca nadie preguntó nada. Se sonreían y platicaban de temas sin importancia, ni siquiera recordaban sus momentos.

Cuando recuperaron el aliento se vistieron y aun estando en ese cuarto se abrazaron como nunca pues sabían que jamás se volverían a ver.

Ya afuera se despidieron con tristeza pues les dolía saber que en esa vida su destino era no estar juntos. Y así nuevamente frente a frente se prometieron ver en otros tiempos o en otras vidas y cada quien tomó su camino.

 

Fin.

 

Amor joven

Ambos se conocieron por azares del destino, platicando y entregándose mutua confianza a pesar de la distancia que los separaba y el medio de comunicación que utilizaban, ella era de Colombia y él de Lima, él tenía 25 y ella 30 años. Entre cada charla aquella mujer volvió a sentir algo en su corazón que a regañadientes no aceptaba pues aquello no podía ser posible por las razones que ella bien sabia aunque, cerraba sus ojos y se imaginaba frente aquél chico dándole un beso, saliendo a caminar, sentirse viva otra vez.

En cambio aquel joven era muy feliz con las pláticas de ella, en cada momento esperaba cualquier cosa para mandarle mensajes y grande era su ansiedad esperando la respuesta, le hacía feliz todo y claro en su corazón inmediatamente también sintió el flechazo.

Aunque no la conocía bien lo que ella le hacía sentir era más que suficiente.

Un tal día aquella mujer tuvo que ir a Lima por cuestiones de trabajo, seria por poco tiempo pero el suficiente para por fin conocer aquel joven, cuando ella le dio la noticia a él, no cabía de la emoción por que por fin la conocería y la tendría en sus brazos. Llegó aquel día, ella se hospedó en un hotel del centro de Lima, desempacó y fue al encuentro en un parque cerca de donde ella estaba y que él conocía. Él estaba nervioso esperando la llegada de aquella mujer, cuando la vio a lo lejos no lo podía creer, era mejor de lo que esperaba.

Ella se llamaba Laura y el Meri.

Se abrazaron mucho, se dieron besos y sus sonrisa decían más que mil palabras. Caminaron tomados de las manos platicando un poco de todo, aunque el teléfono de ella no dejaba de sonar a él no le dio importancia.

Al día siguiente se volvieron a ver de noche pues ella tenía cosas que hacer durante todo el día, se citaron en el mismo lugar y ella vestía mucho más elegante que hizo erizar la piel de Meri, fueron a cenar y sin más fueron a un hotel, al cerrar la puerta ella comenzó a besarlo suavemente, Meri con sus manos recorría la figura de Laura, ella sintió la erección de él y eso la prendió, cabe mencionar que Meri a pesar de ser un joven muy guapo, era bastante tímido con las mujeres y solo había tenido una experiencia sexual.

Laura se aprovechó de la situación y tomó el control de todo.

Lo acostó sobre la cama y comenzó a quitarle la ropa mientras de igual manera ella lo hacía, bajó hasta su miembro y con sus labios lo tomó,  lo hizo suave pues no quería que ahí se viniera él,  Meri al temer lo mismo, se levantó y acostó a Laura, le devolvió el favor dándole un oral que ella le decía como hacerlo para que él aprendiera, que no hizo mucha falta ya que Merí lo hacía bastante bien. Él se levantó y la penetró, ambos gimieron y comenzaron los movimientos, él tomaba los pechos de Laura para besarlos y ver el espectáculo al verlos rebotar en cada movimiento, era tan genial Meri veía como ella lo disfrutaba y por fin se le estaba cumpliendo un sueño.

Terminando tranquilamente de tener sexo, se recostaron y Meri le dio el masaje prometido a ella quedando prácticamente dormida en los brazos de él.

Al tercer día Laura ya tenía que regresar a su País, se despidieron sin antes ella darle un abrazo fuerte que Meri lo sintió un poco raro, pero igual y era la tristeza de que ya no se iban a ver. Al pasar las horas y mas o menos calcular el tiempo de vuelo, Meri le mandó mensajes a ella los cuales ya no contestaba y así pasaron varios días, la buscó por cómo podía pero todo era en vano  Laura jamás le volvió a escribir, Meri se sintió un poco decepcionado al sentirse mal por saber que ella ya no quería nada con él.

Pasó mucho tiempo y él estaba ya comprometido.

La mujer era  una niña de sus edad quien le dijo un día que la acompañara a ver una galería de arte de la cual una de las artistas iba a estar ahí, él aceptó no muy feliz pero aún así fue. Estando sentados en el mejor lugar esperando el comienzo de la presentación se escucharon muchos aplausos del público al ver entrar a la artista, Meri se quedó paralizado era Laura, ella estaba ahí más reluciente, él no lo podía creer y estaba justo frente de él.

Laura habló sobre su trabajo y él con la mirada trataba de llamar la atención de ella lo cual fracaso, Meri y su prometida esperaron al final para un autógrafo y cuando pudieron la abordaron , Meri le dijo “ hola” a Laura y ella al levantar su vista inmediatamente lo reconoció y  se puso nerviosa, al terminar de dar el autógrafo llegó un señor con tres niños los cuales se llevaron a Laura. Meri entendió todo, ella era casada y con hijos por esa razón no quería hablar de su vida, curiosamente el hijo menor tenía la edad del tiempo en que ambos se dejaron de ver.

Sospechó  que fuera su hijo de Meri.

Trato de hablar con ella pero era en vano. Se sintió traicionado y usado al ver que lo que ella le daba era falso y lo que él le daba era puro y real. Aun así se quedó a ver la galería y se dio cuenta que mucho de su trabajo hablaba de amor y soledad, algo así como lo que él sentía en ese momento.

Meri al poco tiempo se casó y tuvo una niña de Laura nunca mas volvió a saber.  Laura en medio de sus ocupaciones se detenía para pensar en Meri que aún lo extrañaba y en muchas de sus obras gritaba en silencio del gran amor que sintió por aquel joven.

 

Ella y el

Ambos se conocieron en el metro, esas horas pico donde todos estaban en mutuo contacto sin querer. Esa tarde lluviosa pero con calor húmedo, sus miradas se encontraron, ella tímidamente lo miraba, él impresionado con su belleza le sonreía, ella con las mejillas sonrojadas comenzaba a responderle, él feliz de tal aceptación se iba acercando a ella en cada bajada de estación.

Tocando el mismo tubo,  el bajó un poco más su mano para tocar la de ella, sus dedos tuvieron el primer encuentro, sus miradas cruzaron a poca distancia, bajando en una estación muy concurrida el aglomeramiento de la gente hizo que ambos se pusieran de frente,como queriéndolos juntar,

La chispa se encendió más

Mientras la gente pasaba abruptamente, ellos se dieron un beso que prendió la pasión, sus miradas hablaban, él la tomó de la mano y se la llevó a un hotel, ambos se entregaron, ella dulcemente lo acariciaba y le tocaba el rostro, él con sus manos sentía la figura delicada de su cuerpo, ella comenzó a quitarse la ropa y él comenzó hacer lo mismo, ambos sabían que el encuentro estaba en su punto.

Ella se recostó sobre la cama abriendo las piernas y él tomando su miembro lo apuntó hacia el sexo de ella

Su humedad era tibia, ambos sintieron lo rico del momento, comenzando la danza ella gemía y curvaba su cuerpo de tan exquisito placer, él le besaba el cuello y jugaba con sus senos: pequeños y suaves, el sudor era parte del juego, hacía que sus cuerpos se movieran con más facilidad, y por fin llegaron al clímax.

Juntos se vistieron y por fin cruzaron palabras, hablando de todo un poco menos de algo muy importante, jamás ni uno preguntó sus nombres o a que se dedicaban, ambos entendían que en entre ellos era mejor no saberlo. Quedaron de verse un viernes a las 8 pm. En la plaza central con media hora de tolerancia por si acaso. Se despidieron con un beso y prometiendo volver a verse.

Llegó el viernes, él primero estaba ahí nervioso y con cierto miedo a que ella no llegará, pasaban los minutos y ella no aparecía, él se sentía de cierto modo tonto al pensar que ella llegaría, él sintió un abrazo por la espalda, era ella, con las mejillas sonrojadas y la misma sonrisa de siempre, él se volteó y la abrazo con fuerza, ambos se dirigieron al mismo hotel, tomados de la mano platicaban de mil cosas, menos de sus vidas.

Llegando ella lo besó con intensidad

El la cargo haciendo que ella lo abrazara con sus piernas, la recostó sobre la cama y la desnudó, él no dejaba de verla a los ojos y ella no dejaba de verlo con pasión. Él descubrió que ella llevaba un negligé que la hacía ver tan exquisita y sensual, él se volvió loco, ella al verlo distraído lo puso boca abajo lo besó y le quitó la ropa, llegando a su miembro lo tomo con su boca y lo chupo, suave y delicado, el gemía de placer y pedía no llegar tan rápido, ella lista lo metió a su ser y comenzó el movimiento,  ella sudaba y lo disfrutaba él cerraba sus ojos para sentirlo  desde muy dentro de su ser, la humedad de ella tanta que mojó la cobija barata del hotel.

Ambos llegaron al orgasmo

Comenzó su plática de mil cosas, ella igual lo abrazó por atrás, él sintió que ella quería decir muchas más cosas, tal vez su nombre, tal vez si era casada, tal vez más… 

Ambos quedaron de verse dentro de tres semanas, en viernes la misma hora el mismo lugar con las mismas condiciones. Se despidieron y cada quien tomó su camino.

Llegó ese viernes él llegó primero como siempre, pasó la media hora y ella no llegó, pasó una hora y ni su sombra a lo lejos se podía ver, él se preguntó… ¿Cuál sería su nombre? ¿Su edad? ¿Sería casada? Ya jamás lo sabrá, lo que sí es un hecho es que él por primera vez sintió amor.

 

Ella tan solo quería jugar

Ella  era  una niña como todas: feliz, sonriente ante todo, curiosa, juguetona, estudiosa.  Cerca de su casa había un terreno algo grande dónde estaba rodeado de llantas viejas  enterradas a la mitad  de tal modo que servían  para brincar y a ella le encantaban, de camino a su escuela siempre pasaba por ahí.

Aún lo recuerda fue un sábado,  su mamá la mandó por un mandado  a la  tienda de la esquina, ella sin saber lo que sucedería se desvió hacia las llantas para brincar y jugar un rato, de momento se acercó un automóvil que la llamó, ella inocentemente se acercó  y él  la abordó con fuerza, cerró la puerta con seguro, la niña no dejaba de llorar y ese hombre sonreía maliciosamente.

Llegaron a un lote baldío, la pasó a jalones a la parte trasera del auto y sin más, le quitó la ropa y él se bajó los pantalones, ella no dejaba de llorar y gritar, implorando que no la lastimara,  él la manoseaba por todos lados, la niña se resistía,  él se puso encima de ella y  sintió un bulto entre sus piernas y sin más la penetro y  ella grito de dolor.

El hombre lo disfrutaba, a la niña  le dolía horrible, él la mordía por donde podía, ella decía que no, él  se salió por un momento para darle la vuelta  y ponerla boca abajo, ella trataba de zafarse, él la volvió a penetrar y ella volvió a gritar de dolor. Su peso de él sobre ella era inmenso, él lamia su cuerpo inocente.

La niña  cerró sus ojos y en cada segundo  veía  su infancia pasar: corriendo, jugando y brincando, bailando bajo la lluvia en el patio de casa, abrazando a su papá, jugando con su perro, todo cuanto recuerdo tenía se iba borrando, él gemía en la oreja de ella y  le dijo en susurro:

– Nadie te va a querer ya, eres una sucia, mereces lo peor de la vida, no serás feliz, nunca llegarás a nada bueno en tu vida. 

La niña  tan solo lloraba y mantenía sus ojos cerrados  esperando que todo terminara.  Cuando él acabó  se vistió  y le aventó la ropa para que se vistiera. A la niña su cuerpo le dolía, su alma la sentía destrozada,  la mirada de ella estaba ida, él arrancó el auto y la fue a tirar cual basura le era para  él en el mismo lugar donde la recogió.

Ella corrió a su casa llorando, al entrar su mamá la recibió a golpes por llegar tarde, sin el mandado y sucia. La niña le grito que la habían lastimado pues en su inocencia no sabía que la habían violado, su madre no la escuchó, le dijo que era una sucia por haber llegado así: le pegó con la mano y le jaló su cabello,  la niña le gritaba que la escuchara ( fueron sus último gritos en toda su vida), los golpes de su madre le daban en el mismo lugar de las mordidas.

La metió a bañar y a la niña aún le lastimaba su cuerpo el agua caliente: las mordidas y los golpes de su madre le dolían.  La niña murió por dentro  ese día.

En la noche volvió a llorar abrazando un conejo blanco con pantuflas que su padre le había obsequiado y que siempre estaba en su cama, lo pego a su pecho y  se durmió llorando. Fue la última vez que abrazó a ese conejo, lo guardó en una bolsa para no verlo nunca más.

Desde entonces ella se volvió callada y ya no era la niña que sonreía,  jugaba, brincaba y andaba siempre inquieta. Ella buscaba el abrazo de alguien, el consuelo, pero nunca lo tuvo.

Sus heridas sanaban con el tiempo, su entrepierna tardó más de un mes en dejar de dolerle,  ya no quería que nadie la tocara, ya no jugaba con su perro ni sus juguetes, se quedaba acostada en su cama, sabía que ahí nadie la lastimaría.

Creció y llegó a la edad de sus dulces 17 años, siempre una chica extraña para todos menos a una persona, un  chico del cual ella sentía un poco de cariño, él quería  una noche especial con ella, ella estaba nerviosa  porque se iba a dar cuenta él que ella ya no era virgen, ella no sabía cómo decirlo, él preparó un lugar muy especial para los dos: pétalos de rosas en la cama, velas y chocolates.

Ella estaba muy nerviosa y con miedo, él estaba ansioso y feliz porque todo se lo iba a dar a ella.

Llegó el momento en que él se dio cuenta que ella no era virgen, ella lloraba no sabiendo explicarle lo que hace unos años le habían hecho, él no quiso escucharla y le gritó:

Traicionera, sucia, vete no te quiero ver nunca más.

Ella le rogó que la escuchara, él se dio la vuelta y la ignoró. Ella salió corriendo una ves más, llegó a su habitación se quitó la ropa, se vio al espejo y suspiro, se recostó, apagó la luz  y en forma de cruz realizo un pacto.

-Tomar mi cuerpo, mi sed, mi hambre, mi dolor…    Quiero volar en vuestro mundo, quiero soñar, quiero sentir el calor ya no más frió en mí.

Llorando sintió calor en su cuerpo y  unas sombras  comenzaron a salir de su cama, la tomaron, ella gemía de dolor que en momentos se volvió placentero y dulce.

Cuando despertó se sintió diferente o al menos de su boca ya no salió una sonrisa  fingida, pasaba sus días leyendo, dibujando, visitando museos, apreciando el arte y su expresión.

Ella me dice que me detenga aquí por un segundo, ella justo está detrás de mí, ella llora y sus lágrimas son pesadas yo lloro con ella al no tener palabras para consolarla, ella me dice que no deje de escribir, ella calla.

Ella es una persona increíble, ella por su edad no supo cómo enfrentar esa situación sola,  ella era como un ave que le fueron cortadas sus alas, ella sola se encerró en una jaula tapada para no ver nada del exterior, ella  sólo era libre en su imaginación.

EL cuadro de María

Un tal día después de un arduo trabajo, regresar a mi casa y estar como siempre solo, sentí la necesidad de las caricias compradas así que tome mi gabardina y mi sombrero y ya caída la noche me fui aquél lugar donde hasta ellas ya me conocía, pensé que sería un noche como siempre, escogía a una, le daba su respectivo dinero y ella cumplía con su trabajo. En ésta ocasión no fue así.

Sentada bajo un farol que apenas iluminaba estaba aquella mujer

Su sonrisa se veía vacía, su mirada bien maquillada para que nadie viera su tristeza. La observé por un rato queriendo averiguar que me llamó tanto la atención de ella, no era muy bonita ni mucho menos tenía un cuerpo escultural pero sé que había algo más oculto. Decidí acercarme ella al verme se levantó y  se me ofreció por unas cuantas monedas con voz dulce me decía que hacía de todo y yo con un gesto acepté.

Ella sonrió y la llevé a mi casa ( raro, es la primera ves que hacia una locura así), ella vio la cama y comenzó a quitarse la ropa muy despacio y sensual como si en su mundo estuviera ella sola con su intimidad. Yo quedé impactado al ver tan hermosa mujer y las formas de su cuerpo eran tan sencillas y comunes pero había algo que la hacía ver muy diferente a las demás.

Me atrevo a decir que hasta las de la realeza las dejaba atrás.

Por fin vi su cuerpo totalmente desnudo, delgado, pechos chicos pero bien redondeados y rosados, caderas escurridas y unas nalgas que se asomaban con discreción, su vientre era plano y me di cuenta que hasta ahorita no había tenido ni un solo hijo, su piel blanca y tersa hacían brotar su juventud, pero había algo que hacia sombra en su belleza.

Tuvimos el encuentro y creo que a mis cuarenta años fue el mejor de mi vida, sentí como se entregó desde lo mas profundo de su alma, sentí volar más allá de las estrellas y de cualquier forma de tiempo, sus movimientos no los podía resistir y sin mas detalle no dejaba de ver sus ojos, ella cuando se daba cuenta los cerraba, se ocultaba, ella gemía de una forma tan rico que sentía que no podía resistir mas.

Por fin acabamos, ella se hizo a un lado y de nuevo con esa misma expresión se sentó a lado de la cama y me pregunto si podía fumar le dije que si. Yo seguía observándola pronto sentí la necesidad de tocar su espalda y sin pensarlo lo hice, mi piel se erizo, ella se levantó. Camino por mi casa desnuda, observó y admiró mi trabajo. Cada pintura la veía con tanto detenimiento que imaginaba que las leía. Observó una a una sin decirme ni una sola palabra. Llegó a mi de nuevo y fue cuando habló:

– ¿ Algún día volverás a contratarme?
– ¿ Por qué la pregunta?
– Si lo haces, quisiera que no fuera por unas cuantas monedas, quiero que me pintes en un cuadro como los que tienes ahí… ( suspiró)
– Si quieres lo hago ahora

Ella sonrío, se puso su camisón y las medias a media pierna, se dirigió hacía su bolso y sacó algo que no le di importancia pues yo comenzaba a preparar el lienzo, pinceles y la pintura.

Se sentó sobre un viejo mueble mío, arreglo su cabello, pintó sus labios, se descubrió un seno e inyectó algo en su pierna, su mirada se perdió en la soledad de la habitación y fue entonces cuando comencé, cada detalle de su cuerpo, cada lunar lo pinté, después de unas horas lo concluí. Se lo mostré, ella sonrió como con cierta chispa de alegría, quedó maravillada, me dio un beso en la mejilla que hizo que me sonrojara, me dijo “gracias”, se vistió y desde ese instante completamente ella cambio, vi su belleza sin ser opacada por sombras.

Tomó sus cosas y con una gran sonrisa en sus labios me dijo que su nombre era María.

Abrió y cerró la puerta. Esa vez no pude dormir toda la noche pensando todo lo que quería hacer con María si es que ella aceptaba.

A la noche siguiente fui a buscarla al mismo lugar y el faro estaba vacío, le pregunté a las demás si alguien la conocía y nadie jamás la había visto. La describí y no daba con ninguna de las mujeres de ahí. Tuve que llevar el cuadro para que me entendieran y lo único que logré fue que todas quedarán sorprendidas, unas admirándolo, otras llorando como sintiendo lo que María sentía en ese momento. Pasó el tiempo y yo seguía buscándola pero lo único que logré fue convertirme en un pintor famoso  con ese cuadro de María.

Los años me pesaban ya, mi cuerpo era viejo, había logrado formar una familia, esposa y cinco hijos. Algo maravilloso pero en gran parte de mi corazón existía el recuerdo de María, ¿Quién era? O ¿ que era?, no sé, la extraño bastante y por unas cuantas monedas ella logró que un sin nadie como yo fuera alguien tan famoso hasta el final de los tiempos.

Gracias María donde quiera que estés.