EL cuadro de María

Un tal día después de un arduo trabajo, regresar a mi casa y estar como siempre solo, sentí la necesidad de las caricias compradas así que tome mi gabardina y mi sombrero y ya caída la noche me fui aquél lugar donde hasta ellas ya me conocía, pensé que sería un noche como siempre, escogía a una, le daba su respectivo dinero y ella cumplía con su trabajo. En ésta ocasión no fue así.

Sentada bajo un farol que apenas iluminaba estaba aquella mujer

Su sonrisa se veía vacía, su mirada bien maquillada para que nadie viera su tristeza. La observé por un rato queriendo averiguar que me llamó tanto la atención de ella, no era muy bonita ni mucho menos tenía un cuerpo escultural pero sé que había algo más oculto. Decidí acercarme ella al verme se levantó y  se me ofreció por unas cuantas monedas con voz dulce me decía que hacía de todo y yo con un gesto acepté.

Ella sonrió y la llevé a mi casa ( raro, es la primera ves que hacia una locura así), ella vio la cama y comenzó a quitarse la ropa muy despacio y sensual como si en su mundo estuviera ella sola con su intimidad. Yo quedé impactado al ver tan hermosa mujer y las formas de su cuerpo eran tan sencillas y comunes pero había algo que la hacía ver muy diferente a las demás.

Me atrevo a decir que hasta las de la realeza las dejaba atrás.

Por fin vi su cuerpo totalmente desnudo, delgado, pechos chicos pero bien redondeados y rosados, caderas escurridas y unas nalgas que se asomaban con discreción, su vientre era plano y me di cuenta que hasta ahorita no había tenido ni un solo hijo, su piel blanca y tersa hacían brotar su juventud, pero había algo que hacia sombra en su belleza.

Tuvimos el encuentro y creo que a mis cuarenta años fue el mejor de mi vida, sentí como se entregó desde lo mas profundo de su alma, sentí volar más allá de las estrellas y de cualquier forma de tiempo, sus movimientos no los podía resistir y sin mas detalle no dejaba de ver sus ojos, ella cuando se daba cuenta los cerraba, se ocultaba, ella gemía de una forma tan rico que sentía que no podía resistir mas.

Por fin acabamos, ella se hizo a un lado y de nuevo con esa misma expresión se sentó a lado de la cama y me pregunto si podía fumar le dije que si. Yo seguía observándola pronto sentí la necesidad de tocar su espalda y sin pensarlo lo hice, mi piel se erizo, ella se levantó. Camino por mi casa desnuda, observó y admiró mi trabajo. Cada pintura la veía con tanto detenimiento que imaginaba que las leía. Observó una a una sin decirme ni una sola palabra. Llegó a mi de nuevo y fue cuando habló:

– ¿ Algún día volverás a contratarme?
– ¿ Por qué la pregunta?
– Si lo haces, quisiera que no fuera por unas cuantas monedas, quiero que me pintes en un cuadro como los que tienes ahí… ( suspiró)
– Si quieres lo hago ahora

Ella sonrío, se puso su camisón y las medias a media pierna, se dirigió hacía su bolso y sacó algo que no le di importancia pues yo comenzaba a preparar el lienzo, pinceles y la pintura.

Se sentó sobre un viejo mueble mío, arreglo su cabello, pintó sus labios, se descubrió un seno e inyectó algo en su pierna, su mirada se perdió en la soledad de la habitación y fue entonces cuando comencé, cada detalle de su cuerpo, cada lunar lo pinté, después de unas horas lo concluí. Se lo mostré, ella sonrió como con cierta chispa de alegría, quedó maravillada, me dio un beso en la mejilla que hizo que me sonrojara, me dijo “gracias”, se vistió y desde ese instante completamente ella cambio, vi su belleza sin ser opacada por sombras.

Tomó sus cosas y con una gran sonrisa en sus labios me dijo que su nombre era María.

Abrió y cerró la puerta. Esa vez no pude dormir toda la noche pensando todo lo que quería hacer con María si es que ella aceptaba.

A la noche siguiente fui a buscarla al mismo lugar y el faro estaba vacío, le pregunté a las demás si alguien la conocía y nadie jamás la había visto. La describí y no daba con ninguna de las mujeres de ahí. Tuve que llevar el cuadro para que me entendieran y lo único que logré fue que todas quedarán sorprendidas, unas admirándolo, otras llorando como sintiendo lo que María sentía en ese momento. Pasó el tiempo y yo seguía buscándola pero lo único que logré fue convertirme en un pintor famoso  con ese cuadro de María.

Los años me pesaban ya, mi cuerpo era viejo, había logrado formar una familia, esposa y cinco hijos. Algo maravilloso pero en gran parte de mi corazón existía el recuerdo de María, ¿Quién era? O ¿ que era?, no sé, la extraño bastante y por unas cuantas monedas ella logró que un sin nadie como yo fuera alguien tan famoso hasta el final de los tiempos.

Gracias María donde quiera que estés.

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4 pensamientos en “EL cuadro de María

  1. maravillosa esta historia, nos adentras tanto en la historia, gracias yezidy por este fantastico viaje!!

    1. ¡ Gracias por volar conmigo ! 😀

  2. Un muy buen relato, te lleva de una manera muy amable

    1. Muchas Gracias Daniel

      Que bueno que te gustó.

      Grandes Saludos

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