Fantasía de hotel

Otra ves estoy aquí, a punto de cumplir otro día más de mi trabajo por decirlo de alguna manera, ya que para mí es placer.

Me mandó un mensaje en la mañana queriéndome ver justo a esta hora y como es aquel hombre que me encanta por esas facciones, accedí sin demora.

Nos encontramos en el mismo lugar de siempre, en esa gran avenida para dirigirnos al mismo hotel, aquel que encerraba nuestros mas grandes secretos.

Cuando llegó en su Sentra  y me subí, de nuevo comenzaba aquella fantasía, ver su rostro, sus ojos negros, su cabello ya un poco canoso pero sin que se vea acabado, su manzana y esa quijada, mi mente volaba.

Él iba de traje negro con camisa blanca, siempre elegante y aún poco nervioso pese que ya nos hemos visto muchas veces anteriormente.

Tocaba mi pierna y ésta ves ya no veía mi cuerpo, veía mucho mis ojos, platicábamos como siempre de todo sintiéndonos cómodos  uno del otro.

Me decía que le gustaba mi alegría, mi sonrisa y esa paz que siempre le  transmitía. Cuando llegamos al motel me dijo que no me bajara mientras pagaba el cuarto, que me quedara ahí hasta que el me abrió la puerta.

Era tan lindo ver ese rastro de caballerosidad hacia mí.

Pidió Vino a la habitación y comenzamos a brindar por ese momento, él seguía un poco nervioso y yo inquieta porque sabía que algo iba a hacer diferente.

Nos sentamos en la pequeña mesa, frente a frente, poniendo música en el celular para animar el ambiente.

Me fui desabotonando la blusa para descubrir mis pechos que tanto le gustaban y por supuesto  incitarlo a que simplemente me tomara y me hiciera suya,  él me veía con mucha atención y no lo niego, esa mirada me ponía nerviosa, levante mis piernas y las acaricie para descubrir el ligero negro que llevaba puesto, me sonreía y me mandaba besos, me levante hacia donde él estaba sentado y abrí mis piernas para acercarle mis pechos y los besara, él me quitó el bra, los descubrió y los tomó en sus manos para enseguida besarlos, me senté en sus piernas para estar frente a frente.

Sentí su bulto duro y le fui quitando la corbata poco a poco, sin dejar de ir haciendo movimientos con la cadera, le fui besando el cuello y con la lengua acariciando esa manzana. Sus manos tocaban mi cuerpo y mis manos ligeramente tocaban esas facciones, hasta que nuestras bocas se encontraron, dándonos un beso largo y caliente.

La camisa ya me estorbaba y por cada botón suelto le iba dando un beso, hasta que  lo descubrí y me pegué a él para que sintiera mis pechos ya erectos.

El tocó mi entrepierna y  yo con mi otra mano le hacía que tocara con fuerza, que apretara y sintiera mi humedad.

Él me tomó de la cintura, me dirigió hacia la cama, me sentó y frente de mi comenzó a quitarse la ropa, hasta que descubrió frente a mi su miembro ya erecto y listo para estar en mi boca, lo tomé con mi mano y comencé hacerle la felación, suave como se que le gustaba, hasta adentro sin tener ese “arqueo” pues ya lo tenía muy bien dominado.

Le acariciaba las nalgas y él me tomaba del cabello para tener un poco de control, así duramos unos 10 minutos.

Él me recostó sobre la cama y ahora era mi turno de hacerme el oral.

Me abrió lo mas que pudo las piernas y comenzó a besarme, su lengua era espectacular, mi cuerpo se llenaba de electricidad al sentir todo eso, le quitaba la capucha a mi clítoris y muy suave lo acariciaba con su lengua, él me estaba diciendo de cómo me iba creciendo y se iba poniendo mas rojito.

Hasta que llegué a mi orgasmo y él con su lengua lamia todo mi liquido, se levantó y se dirigió a besarme mientras con su dedo lo metía para estimular mi punto G.

Mi cuerpo reaccionaba con espasmos y mis gritos eran un poco mas fuertes hasta que sintió  el chorro, tomo su miembro y me penetró me dio duro y hasta el fondo, veía que cuanto mas fuerte me daba mis pechos rebotaban mucho mas y eso le encantaba a él.

Me ponía las piernas en sus hombros y le sentía mucho mas dentro de mí y tanto así que nuestros jugos los sentía ya escurrir hasta mi trasero.

Casi a sus 40 años y tenía muchísimo aguante y fuerza sin necesidad de la pastilla azul.

Me puso ahora a la orilla de la cama y él parado comenzó hacer movimientos ¡Circulares! Yo ya estaba perdida de placer.

Los minutos pasaban  y él me seguía dando, perdí la cuenta de los orgasmos lo que si es un echo es que hasta la punto de los pies estaba saciado de éxtasis.

Terminó en mi vientre y  exprimiéndose lo poco que le quedaba acercó su miembro a mi vulva y comenzó a frotar…

Al final los dos estábamos acostados viendo el techo y su genial arquitectura.

Descansamos un poco y nos dirigimos a bañarnos juntos como siempre, él preparó el agua y ahí estábamos nuevamente, en total vulnerabilidad ante nuestros cuerpos y sentimientos.

El silencio se convirtió en un delicado cristal  que se rompió con un mensaje al celular de él.

Nos salimos de bañar, nos vestimos y cuando yo me dirigía a la puerta para ya irnos, él me tomo de la mano y me abrazó muy fuerte, dándome pequeños besos.

Cerré mis ojos y lo abrace igual, sin decir ni una sola palabra creo que ambos nos dimos cuenta que esto no podía ir mas allá de la fantasía que nos hacía volar en ese hotel de la gran avenida.

 

 

 

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