La alfombra roja de tu sangre

Aún me duelen los golpes que me propinaste ayer, me duele todo el cuerpo como si me hubiera pasado un tráiler encima, mi ojo derecho está casi cerrado y me sigue pulsando de dolor, así que te observo con odio con mi ojo izquierdo, te veo aplastado en el sillón tomando cervezas como si nada hubiera pasado, estás feliz. Yo, mientras  recojo  todo lo que me aventaste y lavando los trastos que siempre se juntan.

Mis manos me arden con el jabón y mis heridas y todo por tirar una taza que hizo despertarte de tu siesta

¿En qué momento pensé que te amaba? ¿En qué momento lloré por ti y te perdoné todas tus infidelidades? ¿Crees que no sé qué te vas con la vecina mientras yo voy al mercado? ¿Qué hice tan mal para que me trataras así? Me prometiste amor por siempre ¿Dónde está?.

Acabando de enjuagar los platos sigo con los cubiertos, uno por uno hasta llegar al cuchillo, siento su forma con solo tocarlo y mientras te veo me imagino que con éste mismo cuchillo que me regaló la rata de tu hermana, te corto la garganta con toda la fuerza que aún me queda. Te agarro de los pocos cabellos que te quedan y hago tu cabeza hacía atrás mientras el cuchillo corta como mantequilla tu piel y salen chorros de sangre.

Despierto de mi fantasía y me doy cuenta que eso sería un final feliz para ti y no quiero

Ahí aplastado con el sartén que rompiste en mis piernas, lo tomó y golpeo tu cabeza, ya desmayado, te quitó toda tu asquerosa ropa, sobre una silla te siento y te amarro, esperando que despiertes.

Apago la estúpida televisión y pongo la música que hace años ya no escuchaba, tiro todas tus cervezas del refrigerador y saco una botella de vino y doy pequeños sorbos, que ironía fue regalo de nuestra boda. Subo a mi habitación y me pongo mi vestido de novia, aquél que me hizo feliz por unas horas, aquél que me hizo la mujer mas bella del mundo ante tus ojos, aquél que llené de sueños e ilusiones falsos.

Me maquillo aunque hacerlo me lastime,  mi boca la tengo ya hinchada, la pagarás…

Despiertas y me ves enfrente de ti como lo que era y como la monstruosidad que has hecho conmigo, tratas de zafarte y no puedes, tratas de gritar y no puedes, la cinta sirvió bien para taparte el hocico, por primera vez siento tu mirada de miedo al ver en mis manos un cuchillo que tomo con delicadeza y que poco a poco me acerco a ti, sin miedo y con mucho valor hago heridas en tus brazos y piernas como los que yo tengo, tomó el tarrito de vaca con sal y como a la comida le echo piscas , gimes de dolor, suspiro de satisfacción al verte retorcer por el dolor.

Se me ocurrió pegarte en tu gran orgullo, tu miembro pedazo de miseria, una y otra ves lo pateo con mis zapatillas y tu comenzaste a llorar, con el cuchillo comienzo hacerte cortadas en tu pene que ahora se me ocurrió echarles cloro para matar cualquier bicho que hayas agarrado de la vecina.

Por primera ves en mucho tiempo sonrió y me siento muy feliz, y tú, todo lo contrario, lloras, tratas de gritar y sufres

Te dejo así un rato y si veo que tus heridas comienzan a cicatrizar la abro para echarte mas sal y en otras cloros y por que no, en otras tantas la soza de la cocina. Cuando éstas agonizando y antes de que pierdas la conciencia te apuñalo una y otra ves, te quito la cinta del hocico y vacío líquido de la basura orgánica.

¡Me gusta! Como punto final ahora si corto tu garganta y cerceno tu cabeza, como caballero de la antigüedad la levanto hacia el cielo como señal de triunfo. Al final gané yo. Pero ahora ¿qué hacía con tu cuerpo? Mientras aún sigo tomando mi vino, decido poner tu cabeza en lugar de la estúpida televisión, tus piernas las corté y las puse en el área de lavado junto a la escoba y el recogedor, tus brazos los colgué en la cocina, como un instrumento bello que jamás me servirá.

Tu miembro ese ya no servía, lo corté y lo machaqué con un martillo para que fuera mas difícil saber que era cuando lo tirara por el mercado del barrio. Tu cuerpo lo vacié de todas tus tripas y guarde ahí toda tu ropa y tus pertenencia, lo cerré con hilo y aguja, como un lindo peluche y su relleno.

La sangre salpicada en las paredes y batida en el piso era como una alfombra que adornaba nuestra casa. Tus intestinos los colgué como adorno navideño , tus ojos los puse en la esquina de una ventana discretamente asomados, tu sucia lengua esa la quemé y el fuego la consumió.

Pensaba hacer de tu piel

Lámparas, guantes o algo mas servible como lo había leído de un famoso asesinó serial. Yo ya comenzaba a sentirme sucia, subí a darme un baño con agua muy caliente, salí me sequé y me acosté en mi cama como nunca lo había hecho. Cerré mis ojos y tuve un sueño, despertando yo misma lavando mis trates, el ojo cerrado y tú riéndote de las tonterías de la estúpida televisión.

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4 pensamientos en “La alfombra roja de tu sangre

  1. Wuauau, el texto evoca a los masters del genero en la Vida real, leyendolo recuerdo la sodomia que el payaso pogo (del cual una amiga me conto hace unos años en la universidad) que imponía a sus jóvenes víctimas y a aquel Ruso Chikatilo, personas que se convirtieron en psicopatas debido al maltrato recibido en episodios anteriores de sus vidas, como el casó de nuestra protagonista. Muy sangriento el relato. Nuevamente me gustó. Saludos a mi amiga de la facultad tan entrañable, experta en estos menesteres….

    1. Muchas gracias se ve que conoces del tema, así es cuando una ya está cansada de tan jodida vida de maltratos y humillaciones, puede llegar a éste punto, por ejemplo: la de los tamales. Saludos Oigres

  2. Vaya que sangriento relato, demuestra mucho resentimiento de parte de la protagonista hacia el marido y no bastaba mas con el tipo que hizo lo posible por ganarse todo ese odio hacia el, es por eso que esta sociedad decae por tipos asi! Excelente relato yezidy!!

    1. Gracias, Muchas mujeres si han tomado parte de sus fantasías y las llevan a la realidad cansadas de tanto maltrato y curioso, siempre a la cocina, ya ves la tamalera y supe de otra que lo hizo en carnitas. Saludos

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