Los $150.00 mejor invertidos

Como todas soy una ama de casa cansada de siempre lo mismo por mas de cinco años; el quehacer, los hijos, los gastos, comidas, etc.

Un día con chongo en el cabello, pans (por nunca tener tiempo para mí)  y con más flojera de lo habitual, fui al tianguis. Ver a más mujeres como yo me deprimió  aún más.

Caminando, ver los precios, la calidad de la mercancía y más cosas ya sin sentido para mí, logré ver a lo lejos  un puesto que me llamó mucho la atención.

Masajes por $150.00  Acaba con tu estrés y falta de ánimo

Era lo que decía el letrero,  pero lo que más me llamó la atención fue el “masajeador”,  un hombre; alto, corpulento, poco barba, ojos grandes  tupidos de pestañas, cabello un poco largo y esos labios carnoso que figuraban una sonrisa en su rostro.

Me quede literalmente babeando haciendo que mi imaginación volara mucho más allá de un simple masaje.

Pensando en si podía pagar ese dinero y al final de la quincena no llegaría  con pesos en mi monedero.

Sin darle mucha importancia me acerqué,  levantó su mirada  y me sonrió.

Tímidamente le pregunté mas acerca del masaje y sin imaginarlo me tomó del hombro  e inmediatamente  por mi cuerpo corrió una sensación extraña que hizo que me acomodara en la camilla de ahí en adelante mi vida cambio aunque no lo crean.

Por 40 minutos me relajo como nunca lo había sentido, mi cuerpo lo sentía ligero y claro llegó a mi esa felicidad que ya extrañaba.

Le pagué sus merecidos $150.00  y la verdad se lo agradecí de corazón, creo ya tenía pila para unos 2 años más antes de volver a caer en el hoyo del aburrimiento y cotidianidad.

Sin embragó él me dio su tarjeta y me dijo que fue la primera “terapia” para llegar al verdadero climax ya que sabía que en mi había otra parte de la cual también necesitaba relajarse.

Me quedé tan feliz que no le tome importancia a sus palabras

Fui a comprar mi  mandado y llegué a casa hacerles la comida que mas le gustaba a mi familia, llevé a mis hijos al parque y le mandé mensajes de amor a mi marido por el cel.  Todos me tomaron de loca por que no entendían que me pasaba pero fue lo que menos me interesó.

En la noche cuando ya nos íbamos  a dormir sorprendí a mi marido con un negliguee negro completamente de encaje, sus ojos no cabían de lo sorprendido que estaba y me fui acercando a él poco a poco, total, le hice un oral tan rico que casi se viene en mi boca, lo monte y yo fui quien lo cogió tan rico  que ambos llegamos al mismo tiempo.

Pasó el tiempo y seguía yo muy tranquila y por accidente encontré la tarjeta del “masajeador”  y me quedé pensando en lo que me había dicho. Así me me puse en contacto con el y fui a  su consultorio personal.

Era simplemente sensual, ese color morado claro que tenían las paredes, flores que hacían conjunto con la música suave y el aroma riquísimo a diferentes fragancias que enchinaban mi piel.

Me dijo que me quitara la ropa en el baño y me pusiera una bata  y enseguida me acostara sobre la camilla

Sin pensarlo lo hice y sin negarlo estaba muy nerviosa, él comenzaba a gustarme y sentía cierta culpa por sentir que engañaba a mi marido y le fallaba a mi familia, pero recordé que de un tiempo a la fecha nadie se tomaba la molestia de ayudarme en algo o hacerme un detalle sencillo como bien sabían que me gustaban.

Salí del baño y me quité la bata,  ya recostada sobre la camilla y completamente desnuda le di el aviso y él entro en modo misterioso, sin dejar de sonreír y verme a través de esos enormes ojos.  Antes de que empezara le pregunté que cuánto iba hacer. ( ja ja ja sólo a mi estando ya encuerada se me había ocurrido preguntarle del precio).

Sin molestarse ni nada me dijo que sólo por ser para mi y confiar en él serían igual $150.00 pues me dejé querer y  cerré mis ojos.  Se puso un aceite riquísimo en sus manos y comenzó a untarlo sobre mi cuerpo, vaya se sentía ese rico calorcito y sentí que tal placer comenzaba a excitarme,  masajeaba cada centímetro de mi cuerpo, con dulzura presionaba mis pechos, tocaba entre mi cuello haciendo que mis hombros se relajaran aún más.

Jamás sentí que se quisiera  aprovechar  de mí

Y así fue bajando hasta llegar a mi parte íntima donde poco a poco comenzó abrirme mis piernas y comenzar a masajear mi clítoris, suave sin decir ni él ni yo una sola palabra comencé a conectarme con él.

Sus manos soltaron más magia y mi mientras sus dedos seguían masajeando ahora mis labios  mi sensación de placer era mas grande, de momento quería que me penetrara pero no, esto era algo muy nuevo para mi y lo quería experimentar hasta el final.

Era como si en cada centímetro de mi cuerpo sentía sus manos aunque en ese justo momento estaba en mis labios y clítoris, sin moverme y aún con mi respiración tranquila llegué a un orgasmo que en mis 40 años jamás había sentido y mucho menos pensé que existirá algo así.

Sólo di un suspiro y él me dijo con esa dulce voz varonil que me quedara un rato así y que si quería me podía dormir un poco.

Por más que traté de responderle no pude estaba tan relajada y confiada que me quedé dormida por más de 3 horas. Cuando me desperté me levanté y me vestí. Salí a la recepción y le pagué sus $150.00 y de reojo vi que ya había otras dos mujeres más en espera de su espectacular masaje.

 

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3 pensamientos en “Los $150.00 mejor invertidos

  1. Basta pensar que ustedes como mujeres tambien ocupan terapias de relajacion jajaja, y por que no ese masajito para que olviden la rutina diaria, que excelente historia yezidy, es un enorme honor poderte leer cada semana de tus historias!!

  2. Todos en algun momento caemos en la rutina y búscamos en lo cotidiano de lo que no estamos acostumbrados un escape, no importando oficios o profesiones, ricos o pobres, es como entrar en la dimensión desconocida, encuentras un break en donde menos lo esperas que puede tener de atractivo un tianguis???, me imaginaba otro final y me agradó que el relato jugará con mi intuición jajajaja. Saludos Yezidy.

    1. jajajajaj hasta los lugares mas reconditos puedes encontrar la felicidad 😛

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