Recuerdos siempre presentes

Justo en éste maravilloso año cumplía mis 29 años, algo interesante pues pronto me acercaba a los 30 y decían mis amigas que era ahí donde acababa nuestra infancia. Por lo mientras yo seguía sin novio ni amigo que me molestara durante las noches con mensajes calientes o indirectas, creo el trabajo me estaba absorbiendo de más y si, me pagaban bastante bien, pero ni siquiera recordaba cuando fue la última ves que había tenido sexo.

Sentía las telarañas en mi entrepierna y de nuevo el himen formándose.

Una noche de esas inquietas de las que yo tenía, entré a mi Facebook y me di cuenta que era una mujer demasiado aburrida, todos mis contactos eran mis amig@s ya casad@s, mi familia y los del trabajo (-.-), necesitaba ya algo más que encendiera mi vida, esa adrenalina que a uno lo tiene con manos sudadas.

Creo yo no estaba tan mal pero tampoco tan uff:  alta, delgada, cabello largo negro, piel morena clara, labios gruesos.

Me acordé de un tal Mario de la secundaria que sabía que le gustaba mucho así que lo busqué en Facebook y la sorpresa fue que si, efectivamente ahí estaba.

Entré a su perfil y soltero, ¡Dios me había escuchado! ( ja ja ja). Inmediatamente le mandé la solicitud de amistad y luego luego me respondió, que alegría sentía en ese momento.

Me reconoció y comenzamos a platicar por el tal “inbox”, vaya era genial;  de mi edad, soltero, diseñador gráfico, con un hijo pero separado, sabía cocinar, era simplemente para mí.

Él tomó la iniciativa de vernos para tomar un café, porque de echo tenía una cafetería cerca de mi departamento.

La cita era un jueves llegando de mi trabajo lo vería ahí. Había cambiado bastante,  todo un hombre echo y derecho,  lo que más me gustó fue que cuando lo saludé de besó olía muy rico y tenía esa barba que no pica. Charlamos por horas y entre risa y risa me robó un beso que hizo que me sonrojara y sin más ni más le devolví el beso. Se cruzaron nuestras miradas queriendo dar a entender ese deseo carnal, se acercó más a mí para darme un beso más largo y profundo del cual yo se los di sin problema alguno.

Tomó mi cintura y lo abracé abalanzándome hacía él. Le dije que fuéramos a mi departamento y él dejó en encargo con sus empleadas su café.

Nos fuimos tomados de la mano, llegando al departamento me quité las zapatillas aventándolas lejos, el agarro y apretó mi cintura pegándome hacia su parte para sentir el bulto duro y crecido, eso hizo que yo comenzara a sentir mi vagina lista para su llegada, me quité la blusa dejándome sólo el bra lo llevé hacía el sillón para bajarle los pantalones y hacerle un rico sexo oral, años que no lo hacía pero creo no lo hacía tan mal, la tenía durísima y el sabor de su semén ya era inminente.

El gemía de placer y eso hacía que me prendiera más. Él me levantó me besó y comenzó a quitarme la ropa, él se desnudó por completo y vaya que cuerpo, me acostó boca arriba, me abrió las piernas y me penetró, caliente y duro se sentía, mientras me cogía lamía mis pezones y apachurraba mis pechos y nalgas lo disfrutaba al máximo, adentro y afuera, con dureza y delicadeza, era la combinación perfecta, levantó mis piernas y lo sentía mucho más adentro, mis gritos ya eran bastante escandalosos.

No podía dejar de gritar  y sentía el climax cerca

Mas y más me daba, hasta que lo sacó y el masturbándose por muy unos segundos se vinó en mis pechos, yo lo recogí con mis dedos y los lamí para tragármelos. Él se sentó exhausto y con una sonrisa me vio diciéndome que era el sexo más rico que había tenido. Yo simplemente lo miré y entre aún mi respiración agitada le mande un beso al aire.

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2 pensamientos en “Recuerdos siempre presentes

  1. Que gran erotismo nos plasmas con esta historia, y vaya que hay cosas que aprendemos con tus relatos, gracias por ayudarnos ampliar nuestras mentes yezidy!

    1. Espero que si y lo disfruten con la persona que deseen, muchos Saludos José

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