Mi jefe, la manzana y el pecado

Acabo justo de salir de la universidad y me integré a un Despacho Contable, presentada ante todos los integrantes del equipo me llamó mucho la atención quien sería mi   jefe,  Roberto bastante guapo por cierto,  pero lo que más me llamaba la atención era su  mandíbula bien definida y como cereza al paste; su manzana de Adán, bendito el  día en que precisamente Eva  cayó en tentación comiendo el fruto prohibido y  había echo que a éste hombre le diera ese toqué de tentación y que me quisiera sentir Lilith para ir fornicando por todos lados y sin piedad alguna con él. 

Pasaba el tiempo y me di cuenta que yo le gustaba,  esas miradas hacia mi trasero  y mi gran escote no eran no más porque si, platicando me dijo que era soltero  y fue cuando me brillaron los ojos, concordamos salir un día después del trabajo y claro en quincena y viernes.

La  cita perfecta

Fuimos a comer tacos con una buena cerveza bien fría que al sólo acordarme se me sigue haciendo agua a la boca. Esa noche no la pasamos genial, platicamos mucho y ambos conocimos de nuestras vidas creo inmediatamente hicimos ese “clic”  que nos hizo seguir viéndonos más seguido en plan de amigos.

A la siguiente quincena decidimos dar el siguiente paso que era: probar nuestras carnes y disfrutar de nuestros deseos. Me preparé: ropa interior blanca como me lo pidió, falda corta y tacones ( sin ser ostentosa pues era día de trabajo), yo le pedí traje negro y camisa roja (vaya que le quedaba super bien ese color).

Al salir del trabajo y subir a su auto nuestras mas bajas pasiones nacieron, me abrió las piernas y con su mano derecha comenzó a tocarme, puso música con mucho ritmo y poco a poco comenzó a subir a mi sexo. Mi sensación de placer aumentaba y sin pensarlo comencé a tocarlo también en su miembro que ya se sentía bastante duro y si mis cálculos no fallaban estaba bien dotado.

Risas y el aire que entraba al auto eran ingredientes idóneos para el momento

Me dijo que poco a poco me  desabotonara la blusa hasta dejar mis pechos casi  vulgarmente a la vista. Eso le encanto y yo de reojo no dejaba de ver esa mandíbula y entre cada risa esa manzana que dejaba verse y hacia que me prendiera mucho más. Llegamos a un motel bastante bonito.

Caballerosamente abrió la puerta de mi lado del auto  dándome la mano  subimos cuan buenos seres éramos. Al cerrar esa puerta todo quedó atrás, éramos de nuevo esos pervertidos jugando a fornicar, me acostó sobre la cama y comenzó a quitarme la ropa delicadamente para disfrutar cada centímetro de mi cuerpo, yo con mis manos le acariciaba esa quijada y en cuanto podía le besaba esa manzana que me hacía enloquecer, él comenzó a quitarse la ropa  y me dijo que besara su cuerpo y que en ciertos puntos le diera pequeños mordiscos y  fue complacido,  acordamos hacer un 69 pero para mi comodidad le dije que yo arriba, así mi trasero y la sonrisa vertical la tendría justo frente a su cara y comenzó a lamerme.

Me di cuenta que  no fallaron mis cálculos y él estaba muy bien de “aquello” 

Comencé  a meterlo poco a poco a mi boca  y masajeando  sus bolas de arriba abajo, jugando con mi lengua y a veces chupando los testículos que me di cuenta que eso le gustaba bastante. Roberto me  hacía un oral increíble y para sentir más placer comencé a mover mi cadera de arriba abajo para ayudarlo y llegar más rápido a mi orgasmo y otras veces le hacía atrás y adelante y sentí como puso su lengua dura en dirección a mi sexo.

En un grito de placer se dio cuenta que llegué a mi orgasmo me recostó sobre la cama y comenzó a penetrarme,  mi sensibilidad era demasiada que comencé a gritar y gemir, él me decía que estar adentro se sentía muy bien y le excitaba ver  la cantidad de mi lubricante natural ( jaja) .

Me puso en cuatro puntos y le dije que me diera nalgadas que  me había portado mal entregándole un balance mal cuadrado, eso le encantaba y me las daba fuertes pero sin lastimar, me levanto sobre esa misma posición pero para tocar mis pechos y besar mi cuello sin dejar de cogerme. Entre gemido y gemido me dijo al oído que quería llegar en mi boca y accedí, me dio la señal  y rápido baje a su miembro  para hacerle el oral y no dejarlo de ver a los ojos él se vinó, sentí su líquido tibio invadir toda mi boca y como seguía  echando y  ví que el descansaba  por fin.

Me vio y me dijo que era genial yo le respondí enseñándole que en mi boca ya no había nada,  que lo poco que escurría en mis labios lo recogía con mi lengua y dedos.

Una gran aventura con un tipo genial.

Historias de mi trabajo PII

Parte II

Hola de nuevo, tengo mucho por contar en éste trabajo, mis clientes son todos tan diferentes con un mismo objetivo: el placer y satisfacción. Como ya lo había comentado, he hecho de todo, ésta ocasión les contaré mi primera vez por el trasero (culo, chiquito, como le quieran llamar).

Es un tabú

Igual que mi trabajo y muchas ocasiones muy difícil de aceptar esa proposición, pero si hay mujeres que llegan a leer éstas palabras, deben de saber que el 90% de los hombres les encanta hacerlo por ahí, será por la cuestión de que está más apretado o que se yo. Afortunadamente es un lugar donde también podemos sentir muchísimo placer. En fin.

 Tenía aproximadamente unos 19 años, casi a 6 meses de haber iniciado éste trabajo, me llegó un cliente al que llamaremos Paulo, un hombre;  alto, delgado, ojos claritos, muy guapo en pocas palabras. Detuvo su auto donde yo estaba parada y lo abordé, mientras llegábamos al hotel, le estaba dando mis tarifas, él sólo sonreía y miraba mis piernas desnudas disimuladamente

Llegando a la habitación me ofreció una copa y dijo -Que todo esto sería con calma y que no me preocupara pues me iba a pagar todo el tiempo y trabajo. Nos sentamos y fue un momento muy especial, él me habló de su vida y familia bastante interesante por cierto, entre copas y muy alegres por el tequila me dijo -Que  quería hacerlo por el trasero .

Era una fascinación que siempre ha tenido y que al verme le gusté para eso pues tenía poca pompa.

Yo quedé callada y seria pues jamás lo había intentado con un miembro, si me habían penetrado con el dedo pero hasta ahí, recordaba que había escuchado que dolía mucho, salía con “premio”, me iba a crecer el trasero ( que si fuera cierto no mas por eso si lo hacia), que me iba a dar SIDA, que se me iba hacer mas grande el ano e iba tener incontinencia rectal, todo eso por segundos pasó por mi cabeza.

Tomando un trago mas de tequila le dije que “si”, pero con cuidado puesto que él iba a tener el privilegio de ser el primero. Inmediatamente él se levantó dejando su copa a un lado y se acercó a mí, me levantó y comenzó a besarme y tocar mi cuerpo, yo le respondí.

Olía riquísimo

Comencé a sentir su bulto y mi humedad entre mis piernas, él me quitó la ropa mientras yo movía mis caderas a un son lento, él me decía que le gustaba eso. Ya desnuda me contempló toda, tomaba mis manos y como bailarina me daba vueltas, me recostó sobre la cama mientras él se iba desvistiendo igual, me espanto un poco que su miembro era mas grueso de lo que imaginaba y que ojalá no fuera impedimento para poder hacerlo por atrás, me hizo un sexo oral, besando mis labios y mordiendo muy delicadamente mi clítoris hacia que gimiera, mis pezones ya estaban duros y de cierto modo quería ya que me penetrara porque  era de esas pocos veces que el cliente sabía hacer muy bien el sexo oral.

Me volteo y me puso en cuatro puntos, enseguida comenzó a lamer mi ano (pff), otra sensación igual de rica, el movía su lengua de arriba hacia abajo y otras tantas veces hacia como si me quisiera penetrar con la lengua, con sus dos manos abría mas mis nalgas y otras veces con sus dedos penetraba mi sexo.

Ya bien servida

Ahora era mi turno y con gusto acepté, él se sentó sobre un pequeño sofá y yo me hinque para hacerle un oral, era bastante grueso, pero decidí dejar todo eso atrás y disfrutar el momento, sabía riquísimo, él acercó su copa y comenzó a beber diciéndome que así mataría las bacterias de mi trasero ( me dio mucha risa). 

Lo disfrutaba tanto que igual gemía, cerraba sus ojos como pidiendo no llegar tan rápido, me tomaba de mi cabello haciendo que metiera más su miembro a mi boca, lo sentía apunto de estallar y en ese momento me volvió a recostar sobre la cama, poniéndome igual de a cuatro puntos, penetró mi sexo y vaya que se sentía bastante bien, mi humedad era tanta que eso le excitaba mas, se chupó un dedo y sin perder ritmo metió su dedo en mi trasero para preparar el terreno.

Como se veía que Paulo era de experiencia, todo lo hacía tan rico, pasó un rato y mi ano ya estaba dilatado, muy lindo me preguntó que si ya podía, al cual afirme entre gemidos, sacó su miembro y lo dirigió hacia mi ano empujándolo poco a poco, claro fue un poco doloroso, no miento, pero me enfocaba en lo rico y placentero que era todo esto y se me olvidaba.

Por fin entro la cabeza (lo más difícil) y así poco a poco lo fue metiendo y ya mas tranquilo me cogía para no lastimarme, apretaba mis caderas y me daba ligeras nalgadas, la sensación al principio era como hacer del baño pero cuando comenzó hacerlo ya mas rápido y con ritmo la sensación cambió mas a satisfacción, sentía como escalofríos pero ricos por todo el cuerpo (obvio también tenía miedo de que saliera con “premio” ).

Comencé a gemir mas de lo rico que sentía y de igual manera él, mi humedad era ya tanta que la sentía escurrir por mis piernas, tome mis dedos y comencé a masturbarme ¡woow!.

Era increíble, llegué al orgasmo y él lo sintió, sacó su miembro y se vino en mis nalgas

Caí primero exhausta sobre la cama y él cayó encima de mi también, ambos sentíamos nuestro corazón latir rápidamente y nuestros cuerpos empapados de sudor, nos quedamos así un rato, ambos nos metimos a bañar, él tomaba el jabón y lavaba mi cuerpo, dándome besos en mi rostro, me decía lo mucho que le había encantado todo y que ojalá no fuera la última vez, como siempre yo sonriendo le dije que no, que siempre iba a estar ahí para cuando él quisiera.

Terminamos, nos vestimos, me pagó y nos fuimos. Me dejó justo donde me recogió, dándome un beso en la frente. Paulo se volvió un cliente de al menos una ves cada dos meses.

Ya en mi departamento no me podía sentar porque me dolía y así fue por casi dos días, pero bueno no fue tan malo como decían, debo mencionar que cuando terminamos de reojo miraba su miembro si tenía “premio” y afortunadamente no y de igual manera no olía feo, al contrario en esta habitación de hotel imploraba ese delicioso aroma a sexo.

Desafortunadamente no se me agrandó el trasero como decían, fue lo único malo ( jaja ) pero bueno, como les había comentado me hice una cirugía que de igual manera tiene una historia pero ya será para otra ocasión.

La aventura de mis 40 años

                                              

Mi nombre es Marina, tengo cuarenta años, soy divorciada sin hijos y una mujer emprendedora, cuento con mi propio despacho, me considero guapa con grandes atributos tanto de pechos como de nalgas, soy alta, delgada y bastante carismática. Cómo les había comentado soy divorciada desde hace 5 años aproximadamente desde ese tiempo nunca tuve una relación con otra persona, para calmar mi tristeza y dolor me empeñé mucho a mi trabajo y por esa razón tengo éste maravilloso logro pero, me olvidé un poco de mí. Leer más

Recuerdos siempre presentes

Justo en éste maravilloso año cumplía mis 29 años, algo interesante pues pronto me acercaba a los 30 y decían mis amigas que era ahí donde acababa nuestra infancia. Por lo mientras yo seguía sin novio ni amigo que me molestara durante las noches con mensajes calientes o indirectas, creo el trabajo me estaba absorbiendo de más y si, me pagaban bastante bien, pero ni siquiera recordaba cuando fue la última ves que había tenido sexo.

Sentía las telarañas en mi entrepierna y de nuevo el himen formándose.

Una noche de esas inquietas de las que yo tenía, entré a mi Facebook y me di cuenta que era una mujer demasiado aburrida, todos mis contactos eran mis amig@s ya casad@s, mi familia y los del trabajo (-.-), necesitaba ya algo más que encendiera mi vida, esa adrenalina que a uno lo tiene con manos sudadas.

Creo yo no estaba tan mal pero tampoco tan uff:  alta, delgada, cabello largo negro, piel morena clara, labios gruesos.

Me acordé de un tal Mario de la secundaria que sabía que le gustaba mucho así que lo busqué en Facebook y la sorpresa fue que si, efectivamente ahí estaba.

Entré a su perfil y soltero, ¡Dios me había escuchado! ( ja ja ja). Inmediatamente le mandé la solicitud de amistad y luego luego me respondió, que alegría sentía en ese momento.

Me reconoció y comenzamos a platicar por el tal “inbox”, vaya era genial;  de mi edad, soltero, diseñador gráfico, con un hijo pero separado, sabía cocinar, era simplemente para mí.

Él tomó la iniciativa de vernos para tomar un café, porque de echo tenía una cafetería cerca de mi departamento.

La cita era un jueves llegando de mi trabajo lo vería ahí. Había cambiado bastante,  todo un hombre echo y derecho,  lo que más me gustó fue que cuando lo saludé de besó olía muy rico y tenía esa barba que no pica. Charlamos por horas y entre risa y risa me robó un beso que hizo que me sonrojara y sin más ni más le devolví el beso. Se cruzaron nuestras miradas queriendo dar a entender ese deseo carnal, se acercó más a mí para darme un beso más largo y profundo del cual yo se los di sin problema alguno.

Tomó mi cintura y lo abracé abalanzándome hacía él. Le dije que fuéramos a mi departamento y él dejó en encargo con sus empleadas su café.

Nos fuimos tomados de la mano, llegando al departamento me quité las zapatillas aventándolas lejos, el agarro y apretó mi cintura pegándome hacia su parte para sentir el bulto duro y crecido, eso hizo que yo comenzara a sentir mi vagina lista para su llegada, me quité la blusa dejándome sólo el bra lo llevé hacía el sillón para bajarle los pantalones y hacerle un rico sexo oral, años que no lo hacía pero creo no lo hacía tan mal, la tenía durísima y el sabor de su semén ya era inminente.

El gemía de placer y eso hacía que me prendiera más. Él me levantó me besó y comenzó a quitarme la ropa, él se desnudó por completo y vaya que cuerpo, me acostó boca arriba, me abrió las piernas y me penetró, caliente y duro se sentía, mientras me cogía lamía mis pezones y apachurraba mis pechos y nalgas lo disfrutaba al máximo, adentro y afuera, con dureza y delicadeza, era la combinación perfecta, levantó mis piernas y lo sentía mucho más adentro, mis gritos ya eran bastante escandalosos.

No podía dejar de gritar  y sentía el climax cerca

Mas y más me daba, hasta que lo sacó y el masturbándose por muy unos segundos se vinó en mis pechos, yo lo recogí con mis dedos y los lamí para tragármelos. Él se sentó exhausto y con una sonrisa me vio diciéndome que era el sexo más rico que había tenido. Yo simplemente lo miré y entre aún mi respiración agitada le mande un beso al aire.