Ella tan solo quería jugar

Ella  era  una niña como todas: feliz, sonriente ante todo, curiosa, juguetona, estudiosa.  Cerca de su casa había un terreno algo grande dónde estaba rodeado de llantas viejas  enterradas a la mitad  de tal modo que servían  para brincar y a ella le encantaban, de camino a su escuela siempre pasaba por ahí.

Aún lo recuerda fue un sábado,  su mamá la mandó por un mandado  a la  tienda de la esquina, ella sin saber lo que sucedería se desvió hacia las llantas para brincar y jugar un rato, de momento se acercó un automóvil que la llamó, ella inocentemente se acercó  y él  la abordó con fuerza, cerró la puerta con seguro, la niña no dejaba de llorar y ese hombre sonreía maliciosamente.

Llegaron a un lote baldío, la pasó a jalones a la parte trasera del auto y sin más, le quitó la ropa y él se bajó los pantalones, ella no dejaba de llorar y gritar, implorando que no la lastimara,  él la manoseaba por todos lados, la niña se resistía,  él se puso encima de ella y  sintió un bulto entre sus piernas y sin más la penetro y  ella grito de dolor.

El hombre lo disfrutaba, a la niña  le dolía horrible, él la mordía por donde podía, ella decía que no, él  se salió por un momento para darle la vuelta  y ponerla boca abajo, ella trataba de zafarse, él la volvió a penetrar y ella volvió a gritar de dolor. Su peso de él sobre ella era inmenso, él lamia su cuerpo inocente.

La niña  cerró sus ojos y en cada segundo  veía  su infancia pasar: corriendo, jugando y brincando, bailando bajo la lluvia en el patio de casa, abrazando a su papá, jugando con su perro, todo cuanto recuerdo tenía se iba borrando, él gemía en la oreja de ella y  le dijo en susurro:

– Nadie te va a querer ya, eres una sucia, mereces lo peor de la vida, no serás feliz, nunca llegarás a nada bueno en tu vida. 

La niña  tan solo lloraba y mantenía sus ojos cerrados  esperando que todo terminara.  Cuando él acabó  se vistió  y le aventó la ropa para que se vistiera. A la niña su cuerpo le dolía, su alma la sentía destrozada,  la mirada de ella estaba ida, él arrancó el auto y la fue a tirar cual basura le era para  él en el mismo lugar donde la recogió.

Ella corrió a su casa llorando, al entrar su mamá la recibió a golpes por llegar tarde, sin el mandado y sucia. La niña le grito que la habían lastimado pues en su inocencia no sabía que la habían violado, su madre no la escuchó, le dijo que era una sucia por haber llegado así: le pegó con la mano y le jaló su cabello,  la niña le gritaba que la escuchara ( fueron sus último gritos en toda su vida), los golpes de su madre le daban en el mismo lugar de las mordidas.

La metió a bañar y a la niña aún le lastimaba su cuerpo el agua caliente: las mordidas y los golpes de su madre le dolían.  La niña murió por dentro  ese día.

En la noche volvió a llorar abrazando un conejo blanco con pantuflas que su padre le había obsequiado y que siempre estaba en su cama, lo pego a su pecho y  se durmió llorando. Fue la última vez que abrazó a ese conejo, lo guardó en una bolsa para no verlo nunca más.

Desde entonces ella se volvió callada y ya no era la niña que sonreía,  jugaba, brincaba y andaba siempre inquieta. Ella buscaba el abrazo de alguien, el consuelo, pero nunca lo tuvo.

Sus heridas sanaban con el tiempo, su entrepierna tardó más de un mes en dejar de dolerle,  ya no quería que nadie la tocara, ya no jugaba con su perro ni sus juguetes, se quedaba acostada en su cama, sabía que ahí nadie la lastimaría.

Creció y llegó a la edad de sus dulces 17 años, siempre una chica extraña para todos menos a una persona, un  chico del cual ella sentía un poco de cariño, él quería  una noche especial con ella, ella estaba nerviosa  porque se iba a dar cuenta él que ella ya no era virgen, ella no sabía cómo decirlo, él preparó un lugar muy especial para los dos: pétalos de rosas en la cama, velas y chocolates.

Ella estaba muy nerviosa y con miedo, él estaba ansioso y feliz porque todo se lo iba a dar a ella.

Llegó el momento en que él se dio cuenta que ella no era virgen, ella lloraba no sabiendo explicarle lo que hace unos años le habían hecho, él no quiso escucharla y le gritó:

Traicionera, sucia, vete no te quiero ver nunca más.

Ella le rogó que la escuchara, él se dio la vuelta y la ignoró. Ella salió corriendo una ves más, llegó a su habitación se quitó la ropa, se vio al espejo y suspiro, se recostó, apagó la luz  y en forma de cruz realizo un pacto.

-Tomar mi cuerpo, mi sed, mi hambre, mi dolor…    Quiero volar en vuestro mundo, quiero soñar, quiero sentir el calor ya no más frió en mí.

Llorando sintió calor en su cuerpo y  unas sombras  comenzaron a salir de su cama, la tomaron, ella gemía de dolor que en momentos se volvió placentero y dulce.

Cuando despertó se sintió diferente o al menos de su boca ya no salió una sonrisa  fingida, pasaba sus días leyendo, dibujando, visitando museos, apreciando el arte y su expresión.

Ella me dice que me detenga aquí por un segundo, ella justo está detrás de mí, ella llora y sus lágrimas son pesadas yo lloro con ella al no tener palabras para consolarla, ella me dice que no deje de escribir, ella calla.

Ella es una persona increíble, ella por su edad no supo cómo enfrentar esa situación sola,  ella era como un ave que le fueron cortadas sus alas, ella sola se encerró en una jaula tapada para no ver nada del exterior, ella  sólo era libre en su imaginación.

6 pensamientos en “Ella tan solo quería jugar

  1. Una historia muy cruda auuuuchh!! ahora sí me sacaste las lágrimas Yezidy, simplemente el maltrato desde la infancia se me hace muy cruel, que más puedo decir? Los libros y el arte son muy buenos compañeros no lo dudo, pero este tipo de lesiones emocionales requieren del calor y comprensión de otra persona… Virgen o no virgen no nos corresponde juzgar el pasado de esa situación en cualquier persona… creo que cuando tu amas a alguien lo haces con toooodooo lo que acarrea incluyendo su pasado.

    1. Desgraciadamente a muchos les importa aún qe la mujer sea virgen y si no lo es, la tratan y juzgan de lo peor. Sip un momento donde ella buscaba apoyo y consuelo de su madre del cual nunca obtuvo.

      Saludos Oigres

  2. Vaya que historia, me hace sentir la desgracia de la chica y de las que pasan en la vida real, ya que se les priva de muchas ilusiones y sueños por personas enfermas. Yezidy una enorme gratitud por expandirnos la mente!!

    1. Y llevarlos a los sentimientos más profundos del dolor de aquella niña. Saludos Jose

  3. Me encantas me transportas a tus relatos

    1. Muchas gracias y bienvenido 😉

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